Colprensa Sábado, 21 de febrero de 2015

Mockus se declara indignado y adolorido por este hecho y defiende que la Marcha no tiene tintes ideológicos ni busca la defensa oficial del proceso de paz, sino que es un marcha para promover la vida, base para poner fin a todo tipo de agresión. La marcha se planea para distintas ciudades de Colombia y del exterior, con liderazgo de mujeres.

¿De dónde nace la idea de hacer una marcha por la vida?
Al analizar lo que pasa en el país, el proceso más importante que hay en curso es el de las conversaciones de La Habana; ahí hay una definición concreta de quiénes participan en esta etapa, que son las Farc y el Gobierno; los demás acompañan el proceso, pero no hay por el momento un desafío práctico, como lo hay con el resto de la violencia.

La Comisión Histórica señaló que un tercio de los homicidios en los últimos 50 años son imputables a la guerra y los otros dos tercios son a causa de la intolerancia, del crimen organizado y de la delincuencia común. Hay que construir una especie de tabúes en la sociedad. Hay uno muy grande, que es que uno no se acuesta con la madre; el tabú del incesto existe y funciona y no es ley, es una prohibición cultural, tanta que cuando alguien lo haga habrá una censura muy fuerte.

Habla usted, entonces, de promover la cultura de la no violencia…
Sí. Propusimos una iniciativa de paz desde finales del año pasado y la marcha es un primer paso para este proceso, que motiva el hecho de aclimatar la paz en Colombia, no sólo la del fin del conflicto, sino la de la vida cotidiana. Hay que trabajar con los factores de riesgo y establecer tabúes para que la gente rechace la violencia. La estructura del tabú está acompañada de muchos miedos.

Menciona la indignación. Acá pasamos muy rápido las páginas de los hechos que nos duelen…
Creo que la indignación es un sentimiento muy valioso. La rabia y el odio tienden a ser más permanentes. Cuando usted tiene rabia, tiene aún la duda sobre si el mal que tiene al frente es duradero o no, se le puede pasar en media hora; el odio es distinto, porque es acumulado. Forman una pareja la muerte y el odio; entonces una jornada por la vida es una jornada contra el odio. Queremos hacer una marcha en la que la gente se diga: “Yo hubiera podido matar y no maté” o “a mí me hubieran podido matar y no me mataron”, celebramos la vida.

Hay gente que dice que le horroriza la idea de convivir con guerrilleros. ¿Cómo trabajar el perdón?
Nos va a tocar prepararnos para el perdón. La etimología de esta palabra es muy linda, porque significa donar por encima, dar, dar en exceso; mejor dicho, perdonar es como una anomalía. Hay dos extremos: el perdón unilateral, cuando la gente, por higiene mental, decide dejar de odiar a una persona, es un raciocinio y la persona a veces ni siquiera se lo hace ver al otro.  Si usted mira el perdón como rito es distinto, quien mató a alguien no sólo destruyó una vida e hizo un daño irreparable, sino que lesionó el tabú, el que mata es castigado doblemente, por el daño a una vida y por violar el tabú, la sociedad necesita la no repetición, no sólo del que mata, sino del que pasa por el lado y ve la escena. Es clave en el perdón que la gente se ponga en manos del ofendido, de la víctima y le diga: “Aquí estoy, perdono, pero también entendería que usted no me perdonara”. Usamos en un evento una consigna que decía: “No hay perdón garantizado”. Un poco la polémica con la Corte Penal Internacional es esa: que no se va a aceptar que en Colombia la gente que reclutó menores de edad, que secuestró, tengan ciertos beneficios, pero eso se tiene que estudiar.

Mucha gente ve la Marcha, como una movilización para promover una ideología…
El Estado no está pagando la organización de la Marcha. Esa corre por cuenta nuestra. Fue muy doloroso e interesante cómo la violencia simbólica se evidencia alrededor de las denuncias; he dicho que prefiero bombardeos de tweets a una sola bala. Aparentemente hay algo turbio y mientras uno lo ve así, tiene el derecho de estar indignado.

¿Políticamente, cómo se define usted?
Soy un poco daltónico, a veces no veo el color de la camiseta de la gente. Le hablo a un conservador como si fuera liberal, realmente veo más a la persona y su comportamiento.

Hace poco tuve una reunión con la Dirección del Partido Conservador y me pidieron que perteneciera a la colectividad, les dije que mi aspiración era un poco distinta; no soy un conservador, soy un conversador que busca una especie de conversión en el respeto a los derechos.

¿Ha hablado con Iván Cepeda y con Álvaro Uribe?
No, y hay que volver a hacerlo. Estamos promoviendo los titulares de prensa del futuro, porque queremos mirar más allá. Se me ocurre uno como: “Iván Cepeda y Álvaro Uribe se ríen juntos de una bobada que dijo el jefe de una la delegación colombiana en la Antártida” o “Uribe y Cepeda acompañan a sus nietos en un concurso de oratoria en el Gimnasio Moderno”, eso puede pasar.

¿Espera que Uribe asista a la Marcha?
Espero, pero ya es una esperanza muy abstracta, quisiera que hubiera una corriente grande de uribistas diciéndole que vaya.

El establecimiento de ese tabú gana mucha fuerza si personas que han estado en el borde lo reconocen y adoptan explícitamente el compromiso que todo mundo está haciendo.