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Miércoles, 1 de julio de 2015

De igual forma, el director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Achim Steiner, consideró, a su vez, que con la encíclica la ciencia y la religión estaban de acuerdo en la necesidad de actuar ahora para la preservación del planeta y que, como el Papa, se debe pensar que la degradación del medio ambiente y el cambio climático no puede mirarse únicamente desde la perspectiva científica, tecnológica y económica, sino que debe someterse a un imperativo moral.

El documento, que contiene más de 191 páginas, menciona los problemas más graves que el mundo debe enfrentar y resolver y propone algunas medidas para romper con la actual relación entre la pobreza y el desarrollo y entre la tecnología y el medio ambiente. Por ello, para muchos, el documento no es una encíclica verde, es más un llamado a la acción, pues no solo está dirigido a los creyentes sino a toda la humanidad, a las finanzas, a las corporaciones, a los gobiernos, a los políticos y a todas las personas. Es un llamado a la conciencia de cada uno con el fin de que empecemos a pensar desde nuestro saber y entender en la contribución que le vamos a hacer a la llamada “casa común” y sobre el planeta que le vamos a dejar a las futuras generaciones. 

Dentro de la encíclica ‘Laudato si’ se resaltan varios puntos importantes, iniciando con la necesidad de realizar cambios profundos en los estilos de vida, los modelos de producción y consumos y las estructuras de poder. Se hace énfasis en una clara falta de interés de los demás por el medio ambiente, que no solo se refleja en el cuidado al planeta, sino en la indiferencia ante el trágico aumento de migrantes huyendo de la miseria por la degradación ambiental, porque lamentablemente estas agresiones las sufre generalmente la gente más pobre, dada la indiferencia de los países más ricos frente a los menos prósperos con la llamada deuda ecológica.

Se presenta como principal problema la falta de límite al consumo y la necesidad de  maximización del aprovechamiento, así como la reutilización y el reciclaje como claves para reducir notablemente el “deposito de porquería” en que, según el Papa, se ha convertido el mundo. Pero no con ello la encíclica propone una restricción al desarrollo, por el contrario busca crear una acción política que permita satisfacer las exigencias mínimas ineludibles y que proponga medidas que permitan dar razón al progreso desde la sostenibilidad. Entre las opciones se encuentra el uso de fuentes de energía limpias y renovables, la correcta administración de recursos no renovables, la programación de una agricultura sostenible y diversificada, el fomento a la eficiencia energética y la promoción una gestión más adecuada de los recursos forestales y marítimos.