Sábado, 13 de diciembre de 2014

Sin ir más lejos el húngaro, Ferenc Puskás, fue suspendido, sin lugar a réplica alguna por Uefa, durante dos años luego de negarse a volver a Hungría debido a la revolución que allí ocurría. 

Finalizada la sanción pudo jugar en el Real Madrid y formar parte de una de las delanteras más fantásticas de la historia al lado de Alfredo Di Stéfano. Para esa época, los jugadores eran propiedad de los clubes aún sin que mediara un contrato de trabajo. 

En Estados Unidos la situación era similar, los jugadores profesionales de béisbol, debido a la cláusula de reserva eran obligados a permanecer en sus clubes pues los dueños de los equipos se “reservaban” a los jugadores que solo podían jugar en otro club si el dueño del club buenamente lo permitía.

El deporte no podía, ni puede estar ajeno al derecho; sin embargo, el fútbol europeo durante casi cuarenta años logró evadir las obligaciones que cualquier otra organización de carácter privado europea debía respetar en virtud del tratado de Roma.

Desde 1958, los estados miembros de la Comunidad Económica Europea debían respetar el principio de libertad de movimiento de personas, que implicaba la posibilidad de que cualquier ciudadano de los países miembros se moviera libremente y fuera contratado en otro estado miembro, es decir no había discriminación en razón de la nacionalidad ni podía haber ningún tipo de requisitos para firmar contrato de trabajo en otro país miembro. 

En el fútbol los clubes no podían contar con más de dos jugadores extranjeros, aún nacionales de otro estado de la CEE y para firmar contrato de trabajo con otro club, se debía pagar determinada suma de dinero que implicaba el derecho de retención de los jugadores, todo, absolutamente contrario al tratado de Roma.

Apenas a finales del siglo pasado, un jugador se atrevió a desafiar el sistema e intentar que lo ordenado en el tratado de Roma se cumpliera en el fútbol respecto a libertad de trabajo y no discriminación. Jean Marc Bosman, jugador profesional nacido en Bélgica decidió, luego de ver frustrada una transferencia a un club francés pues el reglamento de la Federación Belga ordenaba el pago de determinada suma de dinero, aun cuando el jugador había terminado su contrato de trabajo por vencimiento del plazo. Por esto demandó a la Federación Belga y a la Uefa, indicando que sus reglamentos estaban en contra de lo ordenado por el tratado de  Roma. 

La situación del jugador no era la más cómoda y durante algo más de 5 años luchó contra Uefa, Fifa y las federaciones europeas. 

El fallo del Tribunal de Europeo Justicia cambió de manera sustancial el fútbol; indicó que un jugador sin contrato de trabajo es libre de firmar contrato con otro club, evidentemente sin mediar el pago de suma alguna de dinero. 

Igualmente indicó que los clubes europeos, entendiendo por europeos lo de los países miembros de la CEE no podían tener cuotas de ciudadanos europeos.

A partir de ese momento el futbol cambió, el poder de los jueces y del derecho aterrizó de manera contundente pues obligó a Fifa modificar sus estatutos respetando lo fallado. En Estados Unidos la situación fue similar; un jugador Curt Flood demandó el sistema de transferencias del béisbol organizado, pues el dueño de su club, los Cardenales de San Luis lo “vendió” a los Phillies de Filadelfia, el jugador manifestó que no tenía intención de ir a una ciudad abiertamente agresiva con los jugadores de color. 

El caso fue a la Corte Suprema de Justicia americana bajo la etiqueta Flood v. Kuhn  y a diferencia de Bosman, el fallo le fue adverso, pero poco tiempo después se logró un convenio deportivo que abolía la cláusula de reserva

Dos jugadores no muy notables, en dos deportes con la misma particularidad lograron gracias a su tesón y con argumentos jurídicos modificar  los sistemas de transferencia que atentaban contra los derechos fundamentales de las personas y que solamente en el deporte se sostenían.

El camino fue complejo, los jugadores fueron maltratados, pocos abogados intentaban siquiera contradecir a estas grandísimas y muy poderosas organizaciones. 

Hoy en día los jugadores profesionales tienen una posición económica y jurídica favorable gracias a estas dos personas que en su momento fueron atacadas. A Flood y a Bosman le deben las grandes estrellas gran parte de sus fortunas y jugosos salarios, sin embargo los dos han sido olvidados por sus principales beneficiarios, Flood murió de cáncer y Bosman apenas sobrevive.