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martes, 4 de julio de 2017

Al igual que lo ocurrido en las universidades hace más de 50 años, las primeras barreras a superar una vez decidido el ingreso a las mujeres fueron de orden logístico, las instalaciones no estaban preparadas para recibir una cantidad de personas diferentes que debían ser tratadas como iguales; no había baños en unas y camerinos en los otros, los espacios estaban diseñados apenas para la mitad de la población y, como no, la resistencia de muchos varones que no entendían ni entienden que las mujeres tienen todo el derecho a desarrollar las mismas actividades.

El pasado domingo 25 de junio se llevó a cabo, en Bogotá, la primera final del fútbol profesional femenino en Colombia, en la que al igual que en hombres fue ganada por Santa Fe. Este proceso se inició casi a regañadientes por equipos y creería por la propia Dimayor que se vio obligada a realizarlo por exigencias de Conmebol y Fifa. Personalmente vi con gran escepticismo esta empresa, no porque no crea en las mujeres, ni porque no haya defendido de manera vigorosa el fútbol femenino, no tenía claro se podía desarrollar un campeonato “con todas las de la ley” en un país absolutamente machista y en un medio como el fútbol en donde algunos de los grandes periodistas deportivos se niegan a trabajar con mujeres.

Para nadie es un secreto que la igualdad de género pregonada desde la constitución en la mayoría de los espacios colombianos es letra muerta, salarios, oportunidades, trabajos, son más y mejores para los hombres que para las mujeres; ni qué decir del deporte en el que difícilmente una mujer puede enfrentarse directamente a un hombre, salvo el running de calle y los dobles mixtos de tenis.

El reto de formar un equipo femenino para los equipos profesionales fue grande, costos y logística hacían de esta tarea un esfuerzo mayúsculo, la mayoría de los grandes desistieron en un principio de organizar el equipo de mujeres pues al no ser obligatorio no veían la necesidad de desplazar los escasos recursos a un negocio incierto.

Contratos de trabajo, pólizas, nuevos entrenadores y todo el andamiaje jurídico propio de un equipo de fútbol se debió duplicar para finalmente sacar a la cancha a unas pioneras en temas de igualdad de género.
Rápidamente notamos una gran diferencia en cuanto al fútbol mismo, las mujeres entienden mucho más y mejor el denominado “espíritu de la norma” juegan el fútbol que todos jugábamos en el colegio. Ellas, profesionales con mucho más en juego que una gaseosa, no fingen faltas, ni piden tarjetas amarillas para sus rivales, corren los 90 minutos sin importar el marcador y al final del partido felicitan a sus contrincantes. Qué diferencia con el fútbol de hombres en el que para cobrar un tiro libre de más de 50 metros del arco se demoran 2 o 3 minutos, hablan, queman tiempo, piden tarjetas, en general se burlan del espectador que quiere ver fútbol y paga.

Al igual que lo ocurrido en las universidades hace más de 50 años, las primeras barreras a superar una vez decidido el ingreso a las mujeres fueron de orden logístico, las instalaciones no estaban preparadas para recibir una cantidad de personas diferentes que debían ser tratadas como iguales; no había baños en unas y camerinos en los otros, los espacios estaban diseñados apenas para la mitad de la población y, como no, la resistencia de muchos varones que no entendían ni entienden que las mujeres tienen todo el derecho a desarrollar las mismas actividades.

He sido crítico en muchas ocasiones con la organización del fútbol, hoy tengo que felicitar y agradecer a la Dimayor por organizar un campeonato impecable con una final que llenó de envidia a los mejores torneos del mundo; volvió el fútbol tranquilo al estadio. En el Campín más de 30.000 personas vieron una final, pagaron su boleta y le hicieron fuerza a su equipo, camisetas rojas y amarillas mezcladas sin mayor problema, la odiosa segregación por colores desapareció, los violentos no estaban en las tribunas y la policía fungió más como organizadora que como controladora de barras bravas. Espero que el próximo torneo, ya con las jugadoras de mi equipo, el azul, sea aún mejor que el que acaba de terminar.