Domingo, 18 de enero de 2015

Se habló de inscripciones, cesión de derechos económicos, amenazas, contratos, apoyos de los clubes y sobre todo de pre-contratos. Esta novela o como dicen los españoles, culebrón, al momento de escribir estas líneas no ha terminado.

En Colombia se inscriben los jugadores profesionales de fútbol con los contratos de trabajo a término fijo y por lo tanto escritos y firmados, pues la Federación Colombiana de Fútbol así lo ordena. Los contratos de trabajo tienen sus particularidades frente a otros civiles o comerciales. 

La noción de precontrato en el mundo del fútbol no es muy clara a pesar de ser utilizada de manera generalizada.

Se trata de un documento en el que las partes, es decir jugador y futuro club, pactan las condiciones con las cuales se vincularía el jugador; básicamente salario y tiempo de duración. Estos, en mi opinión, no tienen ninguna validez ni utilidad como documentos necesarios para efectuar la transferencia (nacional o internacional) del jugador en cuestión. No es un contrato de trabajo, pues no hay prestación del servicio, no es una promesa de contrato pues en derecho laboral esta figura es impracticable; se trata de una manifestación de intenciones que cualquiera de las partes puede desconocer, más aún cuando no hay ninguna consecuencia negativa para la parte que no reconoce el acuerdo y no existe posibilidad de hacerlo exigible vía jurisdicción laboral y mucho menos deportiva.

Entonces, ¿qué utilidad tienen dichos documentos?, a mi modo de ver ninguna, pero se usan y se seguirán usando pues es una costumbre en el medio; es más seguro firmar un contrato de trabajo con fecha futura de iniciación que la ley colombiana y la reglamentación deportiva local e internacional lo permiten; esta práctica tiene sus riesgos, principalmente para el club en el evento en que el jugador se lesione pero estos contratos sí son perfectamente exigibles una vez se inscriban en la asociación nacional del club empleador.

Muchas veces se argumenta que se firman estos acuerdos precisamente para hacer exámenes médicos que permitan asegurar las perfectas condiciones físicas del jugador, esto no tiene sentido alguno, los exámenes médicos se deben realizar con anterioridad a la firma del contrato, así como la obtención de permisos de trabajo y en general todas las diligencias administrativas necesarias para que el jugador pueda desarrollar un contrato de trabajo a cabalidad. 

Una vez firmado el contrato no se puede esgrimir como justa causa para terminarlo una lesión o la imposibilidad de jugar por no existir permiso de trabajo.

Para una transferencia de un jugador se deberá llegar a un acuerdo entre clubes, que no está incluido en el contrato de trabajo y que no tiene ninguna relevancia para el jugador que será transferido.

En este evento, es mucho más inseguro, para el nuevo club, el precontrato pues luego de pagar sumas importantes de dinero el jugador, sin contrato de trabajo, puede decidir jugar con un tercer club. De nuevo, los precontratos no ofrecen seguridad alguna para los clubes.

También puede ocurrir el caso contrario, un jugador firma un pre contrato con un gran club y antes de firmar el verdadero contrato, el club decide no firmarlo. Este, supongo, fue el caso de Víctor Valdés quien decidió no renovar con el Barcelona, seguramente con la promesa de llegar a un nuevo club interesante, el jugador dejó expirar el contrato, desafortunadamente se lesionó de manera grave y quedó sin equipo.

La transferencia de un jugador profesional de fútbol requiere una serie de actividades y procesos que no pueden ser evitados y que se deben observar de manera cuidadosa pues hay mucho dinero, muchas personas involucradas y muchos intereses alrededor de ella. 

Los clubes europeos manejan los contratos de trabajo de manera cuidadosa, ofrecen renovaciones con más de un año de anticipación y para vincular a un nuevo jugador tardan más de seis meses en concluir una operación. 

Las declaraciones de intención no son vinculantes así en el medio se diga a gritos que la palabra es sagrada y al final generan más inconvenientes que los que evitan, los acuerdos de palabra seguirán siendo costumbre en el medio y seguirán generando novelas deportivas apasionantes.