Viernes, 25 de octubre de 2013

Mientras el exconcejal de Chía recuerda con agrado sus pilatunas desde la comodidad de su casa y Piedad Córdoba lleva su destitución al ámbito internacional, ojalá no a Cuba o a Venezuela, país en donde recientemente Nicolás declaró por decreto la felicidad; algunos colombianos en la búsqueda permanente de emprendimiento e innovación, ven cómo sus sueños, al igual que la justicia colombiana, quedan inconclusos por los múltiples factores burocráticos, tediosos y complicados propios de los eternos vacíos o puntos ciegos de las reglas comerciales ajustadas cada tres meses a las necesidades de unos pocos. 

Y es que para nadie es un secreto que mientras el exconcejalillo se va de copas con sus amigos mitómanos o Piedad visita al “pajarito” de Maduro, mojando sus eternos turbantes con lágrimas mal llamadas “revolucionarias”, o incluso Gustavo se muerde los codos para no desvirtuar su estrategia de comunicaciones de “cero” medios, al calor de uno que otro tuit o gestión de PR de menciones internacionales como el mejor Alcalde; en Colombia, miles de personas se escandalizan, no por los eternos peliculones vistos en los noticieros diariamente, sino porque sus sueños nunca serán suficientes para la cantidad de trámites que requiere cada uno de ellos.

“Estoy en un proyecto” es una frase que no es desconocida para la mayoría de los colombianos que han visto en medio de su creatividad, innovación y responsabilidad, la necesidad de generar nuevos negocios para afianzar sus sueños de una forma decente, digna y sobretodo loable; lo que nadie sabe es que a continuación de dicha frase, existe un pensamiento recurrente y casi envidioso de su receptor, la cual indica, y con justa razón: “vamos a ver si puede”.

En Colombia a pesar de ese “vamos a ver si puede”, o a pesar de que se logra ganar dinero fácil y con pocos votos en algún Concejo Municipal al calor de unos buenos tragos, los colombianos dignos y soñadores gestionan alrededor de unas 50.000 razones sociales al año pero infortunadamente cuando se enfrentan a los diversos programas comerciales establecidos en las políticas internacionales, sólo el 25% logra sobrevivir para contarlo. Los trámites ineficientes, la excesiva burocracia y el eterno enredo de interminables pliegos que podrían resumirse en 10 bullets, son los culpables de que esos proyectos se diluyan en una sociedad en la que todo el mundo quiere tener un negocio aparte. 

Exportar por ejemplo, se ha convertido en algo cada vez más complejo, sobre todo si se tiene en cuenta el incremento de la competencia, no sólo interna, sino también en mercados internacionales. Las estadísticas dicen que del 25% de las empresas exportadoras, sólo el 1,4% logran perdurar en el mercado, todo esto debido a los trámites y los costos logísticos de exportación, la falta de información y capacitación a la hora de aplicar procesos de internacionalización en dichas sociedades nacientes. 

Juan David Valdivieso, director de Análisis de Mercados de Acoext Colombia es uno de estos colombianos que han querido irse por el camino de la formalización y la innovación. A pesar de ese “vamos a ver si puede” hoy es uno de los muchos impulsadores de nuestro país en términos de procesos de internacionalización de mipymes a través de capacitación, asesoría y estudio de mercados tanto en Colombia como en los países donde quieran hacer presencia. Según él: “Las empresas no pueden seguir limitando su inserción internacional a los programas de promoción gubernamentales. Se hace necesaria la existencia de alianzas público-privadas que den origen a nuevos servicios para las 49.500 empresas que vendrán en camino el próximo año, y que seguramente, a través de adecuados mecanismos de información y capacitación, lograrán aumentar ese reducido número de sobrevivientes, en un mundo globalizado cada vez más competitivo”.

Las Cámaras de Comercio están haciendo la tarea en términos de formalización y capacitación a los colombianos, los colombianos están aportando su capital humano, su empuje y su trabajo para generar dinamismo en nuestra economía. Amigos del Gobierno Nacional ¿no sería bueno un poco de agilidad, amabilidad y diligencia con los miles de compatriotas que quieren salir delante de una forma ajustada a la ley que tenemos? En vez de premiar con nuevas tecnologías y con mejores primas las ausencias corporales, mentales y humanas que habitan en nuestro débil congreso, ¿no sería mejor fomentar el desarrollo de los pequeños responsables del flujo empresarial en el país? Ya se vienen elecciones, es triste decirlo, pero por lo menos por esta época no se olviden de ellos.