Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

Jueves, 15 de marzo de 2018

Recientemente un candidato dijo que el día siguiente a su posesión como presidente de Colombia se implementará un nuevo modelo económico basado en dejar de exportar petróleo. Además, señaló que Ecopetrol deberá ser líder en generación de energía solar en América Latina y que las petroleras pueden unirse al fondo de reconversión de energías fósiles a limpias para enfrentar el cambio climático, que se usaría 100% de las regalías para la financiación de esa transición y que no se continuará con el desarrollo de los yacimientos no convencionales (Congreso y Revista de la ACP Hidrocarburos No. 21).

Estos planteamientos son atrayentes en esta época de impopularidad de la industria extractiva pero poco realizables en la práctica como gobernante. Resumo dos estudios serios recientes.

Basta con revisar lo afirmado por el Banco de la República el mes pasado sobre el desempeño económico de 2017 al señalar que la política de austeridad que mantiene el Gobierno desde 2015 solo ha logrado corregir parcialmente el efecto sobre el déficit de la disminución de las rentas petroleras. Indica que las exportaciones de petróleo repuntaron positivamente el año anterior gracias a los mejores precios y mayor producción, con una participación del petróleo de 29% y del carbón de 18,4% del total de productos exportados.

Concluye que “la economía ha dado un giro en el sentido positivo, pero la recuperación es todavía lenta, e inferior al crecimiento potencial. El sector exportador jugará un papel crítico, tanto en la estabilización de la balanza de pagos, como en el crecimiento económico. Más allá del aumento de los precios del petróleo, la recuperación exportadora está en marcha, pero es todavía insuficiente. Es necesario enfocar la atención de la política económica en garantizar un gran impulso exportador.”
Entonces, el leve repunte económico de 2017, causado por las mayores exportaciones del petróleo, y su tendencia creciente, se perderían si se frenara la principal causa que lo motiva.

Por otra parte, es una realidad que el mundo todavía necesitará por muchos años el petróleo. Un informe reciente de la Agencia Internacional de Energía -IEA- concluye que el consumo mundial no está listo para despedirse de la era del petróleo. Por el contrario, el crecimiento de la demanda seguirá siendo robusto hasta mediados de los años 2020, cuando puede que se desacelere producto de la mayor eficiencia y el cambio de combustible en vehículos de pasajeros.

Se estima que en 2040 la demanda de petróleo será de 105 millones de barriles por día, gracias al poderoso impulso de otros sectores, tales como petroquímica, camiones, aviación y transporte marítimo. Habrá mayor dependencia de Oriente Medio. “Existe una necesidad continua a gran escala de inversión para desarrollar un total de 670.000 millones de barriles de nuevos recursos hasta 2040, principalmente para compensar los descensos en los campos existentes, más que satisfacer el aumento de la demanda”.
Este estudio considera que un precio de US$50 – US$70 /barril a 2040 sería suficiente para sortear los menores ingresos en países productores de hidrocarburos, causados por la expansión en la flota mundial de automóviles eléctricos. “Sin embargo, no es suficiente para provocar un cambio importante en el uso mundial de petróleo”. También advierte que el crecimiento en la demanda en el corto plazo con una inversión baja para nuevos proyectos convencionales es un indicador preocupante para el futuro equilibrio del mercado, creando un riesgo sustancial de un déficit de nueva oferta en los años 2020.

Con este panorama, está claro que habrá muchos productores dispuestos a satisfacer la demanda mundial. La cuestión es si resulta sensato considerar que el país se puede privar de esa oportunidad. Concluyo que no es conveniente acabar con la industria petrolera porque no hay alternativas de reemplazo a los beneficios que trae ese sector.