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OPINIÓN

Colombia 2026: el salto digital vs el freno tributario

06 de enero de 2026

Canal de noticias de Asuntos Legales

Cerrar el 2025 nos deja un panorama agridulce. Si bien la inflación ha cedido y las tasas de interés dan un respiro, el crecimiento económico sigue siendo modesto y la incertidumbre regulatoria mantiene muchas inversiones en stand-by. Sin embargo, bajo esta capa de ruido macroeconómico, existe una Colombia que no para de crecer: la economía digital. Para 2026, hay grandes oportunidades para el empresariado nacional, siempre y cuando la política fiscal no decida asfixiar a la gallina de los huevos de oro.

El 2026 trae cuatro tendencias para los empresarios colombianos:

Primero, la consolidación del comercio electrónico. Colombia se afianza como el tercer mercado de la región; la oportunidad para la pyme ya no es solo "estar en internet", sino integrar logística y pagos para ofrecer una experiencia omnicanal real. Segundo, la revolución Fintech. La adopción de pagos digitales y el crédito alternativo para empresas están democratizando el acceso a capital de trabajo, permitiendo a negocios tradicionales operar con la agilidad de una startup.

Tercero, la Inteligencia Artificial (IA) operativa. Más allá del hype, el Banco Mundial y la OCDE señalan que la productividad en 2026 vendrá de usar IA para tareas mundanas: automatizar el back office, predecir inventarios o personalizar ventas. Y cuarto, el nearshoring de servicios digitales. Con el despliegue de redes 5G y la inversión en la nube, Colombia tiene todo para exportar servicios profesionales (contables, jurídicos, creativos, etc.) a una región hambrienta de talento y costos competitivos.

Sin embargo, hay una señal de alerta en el tablero. La estrategia tributaria del Gobierno nacional parece ver en el ecosistema digital una fuente inagotable de recaudo fácil, a menudo desconectada de los lineamientos técnicos de la OCDE. La implementación de mecanismos como el 5x1000, la Presencia Económica Significativa (PES) y la carga de IVA a servicios de software y plataformas extranjeras, si bien buscan equidad, terminan encareciendo la tecnología que las pymes locales necesitan para modernizarse.

Si gravar a las "Big Tech" se traduce en que a una empresa mediana de Medellín o Cali le cuesta un 20% más acceder a servicios en la nube o herramientas de marketing digital, estamos disparándonos en el pie. Una carga impositiva mal diseñada sobre la economía digital desincentiva la formalización y frena la inversión en infraestructura crítica justo cuando más la necesitamos.

Sin embargo, ante este panorama de incertidumbre del gobierno, mi recomendación para los líderes de negocio es no esperar a que el entorno sea perfecto. Inviertan ya en capacidades digitales y revisen sus modelos para integrar datos e IA. Quien gane eficiencia hoy, sobrevivirá a la turbulencia fiscal de mañana.

Colombia tiene las condiciones para ser un hub digital de talla mundial en 2026. Pero esto requiere dos compromisos: que los empresarios asuman la tecnología como el corazón de su estrategia, y que el Gobierno entienda que la tributación digital debe ser un instrumento de desarrollo, no solo una alcancía para tapar huecos fiscales de corto plazo.

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