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jueves, 8 de mayo de 2014

Más allá del verdadero problema de fondo que ha permitido este incremento monumental de profesionales consistente en los escasos requisitos que el gobierno exige tanto para ejercer la carrera, como para crear una facultad de derecho -cuestión que no es menor y que merece una verdadera atención por parte del gremio y el gobierno-, estas líneas están encaminadas a “botar” un par de señales de humo a la comunidad jurídica para a encontrar una puerta ante tal brecha.

Como en toda crisis, no sólo local sino global, la llave que abre esta puerta no es otra que la “innovación”. Por el contrario, si seguimos haciendo lo mismo que hacen los demás o nos limitamos a mejorar aquello que hace la competencia, es decir, generando ideas progresivas - ideas que sólo mejoran los productos o servicios ya estatuidos dentro del portafolio de servicios- estaremos aportando más de lo que ha producido la crisis, sin salir de la brecha actual.  

En consecuencia, ante la saturación del campo de la abogacía y la obligada crisis que esto conlleva,  los que ya somos abogados deberemos buscar romper con el status quo que se ha impuesto a lo largo de los siglos ante una de las carreras más antiguas de la historia.  Nada más propicio y llamativo para innovar que un campo sedentario y estático (desde el punto de vista de la práctica y no en cuanto a las áreas que regula) como lo es el Derecho.  

Ahora bien, como ya se dijo, innovar no se trata de mejorar algo que ya existe -ideas progresivas-, sino de presentar al cliente algo que rompa el esquema, algo que, según la real academia española,  “produce ruptura brusca” y entregue valor.

Entonces, ¿cómo se logra lo anterior? Si el pensamiento normal y del común se basa en un razonamiento lógico y de ahí se construyen las ideas e hipótesis  normales, para innovar de forma disruptiva se deberá crear una hipótesis que, conscientemente, sea irracional.

Un ejemplo ilustrará mejor el ejercicio: 

Hipótesis racional: ante el no funcionamiento de un celular, lo primero que nos preguntamos es ¿estará el dispositivo sin batería? En consecuencia, se carga el celular y se comprueba la hipótesis. De no resultar válida la solución, racionalmente, creamos otra hipótesis y la validamos de nuevo hasta hallar la solución lógica.

Hipótesis Irracional: ¿necesita un dispositivo móvil de batería para funcionar?

Nótese, cómo, aunque pareciere un simple juego de palabras, el sentido de la pregunta cambia radicalmente y traslada la discusión a un campo que no es ni previsible ni lógico. En realidad, se trata de poner al revés lo que por años se ha hecho, supuestamente, “al derecho” y exagerar la idea para verla a una escala diferente a la que el común de la gente la ve.

Por lo tanto, los sistemas tradicionales de validación de las ideas, basados en aspectos lógicos, no podrían ser utilizados en la convalidación de la premisa disruptiva, ya que terminaría por convertir en común algo que no lo es. Por el contrario, en esta construcción irracional aquello que está lógicamente mal termina siendo lo irracionalmente correcto y lucrativo.

Dicho pensamiento disruptivo, puede ser aplicado a cualquier campo del ejercicio laboral, desde la presentación o contestación de la demanda, hasta la forma en que se presentan los alegatos orales; y lo que es más importante, a la forma en que buscamos clientes.

En síntesis, este es un llamado a los abogados para que nos reinventemos y logremos así una verdadera distinción de la competencia. Ya no se trata más de tener una buena página de internet (que generalmente está llena de información innecesaria y aburrida), un logo bonito y un espacio arrendado. Esta crisis debe servir para quebrar lo que nunca se ha quebrado, mediante la generación consciente de ideas irracionales que alteren este mundo arcaico.