Lunes, 9 de febrero de 2015

A todas luces no es mucho lo que se pide para llegar a una paz real, estable y duradera; para algunos en Colombia que un partido político nuevo, lleno de juventud, con ganas de trabajar y liderado por el ex presidente y senador Álvaro Uribe Vélez, genera urticaria pues ha sido el único partido político que con verticalidad y vehemencia ha defendido la vida de los colombianos que pretenden dejar a merced de las Farc; solo por esto han graduado a Uribe Vélez y a su partido político como enemigos de la paz, esto sin contar el interminable camino de desprestigio que están pasando por defender la democracia y los derechos humanos.

Así las cosas no extrañaba la estrategia que desde el gobierno se fraguó con el único propósito, de torpedear, sabotear e impedir que el principal y único partido de oposición en Colombia llevara a cabo su periplo con el ánimo de contarle al mundo, su férrea posición con el proceso de paz en La Habana con las Farc, al parecer el maquinista de la locomotora de la intriga fue probablemente el “súper” ministro Néstor Humberto Martínez, quien presuntamente habría llamado personalmente al presidente del congreso es decir al “súper” senador José David Name, quien sin rubor alguno indico: “no hay permiso para ningún senador porque tienen que venir a trabajar” ¡tan menesteroso cierto!

Es increíble ver este tipo de trapisondas antidemocráticas a las que nos quieren acostumbrar, pero más aberrante y obsceno es como sin ningún inconveniente entran a Colombia terroristas como probablemente lo hacen los delegados de las Farc, que no deberían moverse de la Habana hasta conseguir la paz, ellos pavoneándose con seguridad oficial y todo tipo de protección, mientras en a un expresidente y senador opositor con infinitas calidades morales en el servicio público y privado pretenden constreñirlo, torpedeando y saboteando con todo tipo de argucias para que no cumpla con su agenda política en el exterior.

La persecución ilegal y antidemocrática que está viviendo el país, no solo coacciona a todas luces al principal partido opositor en Colombia sino también, a todos los colombianos que de alguna manera apoyan y sienten identidad con la cohesión social, la confianza inversionista, austeridad en el gasto público, dialogo público y seguridad democrática; extrañamente el pasado 7 de febrero desde la Habana salió un comunicado en el cual probablemente ya se acordó: disminuir el número de efectivos de la fuerza pública, hacer una constituyente y abolir la doctrina de seguridad nacional de las escuelas de formación policial y militar. ¿A dónde nos llevan?