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OPINIÓN

Aviación e IA: el reto no es usarla, es regularla

12 de mayo de 2026

Jairo Fierro Garzón

Socio de Ari Consulting Group
Canal de noticias de Asuntos Legales

Un avión puede parecer listo para despegar, pero un sistema de inteligencia artificial puede advertir antes que nadie una posible falla. Un aeropuerto puede estar al límite de su operación y apoyarse en datos para ordenar mejor el tráfico aéreo y reducir riesgos. La aviación civil está entrando en una nueva etapa, una en la que las máquinas ya no solo ejecutan tareas, también ayudan a tomar decisiones.

Ese es precisamente el debate que plantea una reciente nota de estudio presentada ante la Asamblea de la OACI sobre la integración responsable de la inteligencia artificial en la aviación civil internacional. La IA ya no aparece como una promesa lejana, sino como una herramienta concreta para anticipar fallas, vigilar riesgos, apoyar la gestión del tránsito aéreo y mejorar decisiones operacionales. Sin embargo, ese potencial exige resolver desafíos de supervisión, ética, responsabilidad, interoperabilidad y dependencia de la automatización.

En aviación, la eficiencia nunca puede mirarse de manera aislada. Un algoritmo puede recomendar una ruta más corta, una programación más rápida o una decisión operativa más económica. Pero si esa recomendación no es trazable, verificable y segura, el ahorro pierde sentido. En este sector, una mala decisión no afecta solo una operación, también puede comprometer aeronaves, pasajeros, tripulaciones, aeropuertos, autoridades y confianza pública.

Por eso la advertencia de la OACI es tan relevante. Si cada Estado, operador o proveedor tecnológico adopta la inteligencia artificial bajo sus propios criterios, la aviación podría terminar con sistemas que no conversan entre sí, estándares distintos de supervisión y vacíos sobre quién responde cuando algo sale mal. En una industria que cruza fronteras todos los días, la fragmentación no es un simple problema técnico, sino un riesgo operacional y jurídico.

El punto más sensible está en la responsabilidad. Si una herramienta de IA recomienda una acción y esa decisión contribuye a un incidente, ¿quién responde? ¿El operador que la usó, el fabricante que la diseñó, el proveedor de datos, el certificador, la autoridad que permitió su utilización o todos dentro de una misma cadena de responsabilidad? Estas preguntas no pueden aparecer después de un evento crítico. Deben resolverse antes, con reglas claras de gobernanza, supervisión, certificación y control humano.

Por eso resulta acertado que la OACI proponga una conversación global sobre la inteligencia artificial en aviación. No se trata de frenar la innovación ni de mirar la tecnología con miedo. Se trata de ordenar su llegada. La aviación ha construido su seguridad sobre estándares, procedimientos, entrenamiento, certificación y responsabilidad. La IA debe entrar bajo esa misma lógica.

Colombia no debería mirar esta discusión desde la distancia. Como Estado miembro de la OACI y como país que busca fortalecer su conectividad, infraestructura aeroportuaria, aviación comercial, general y de carga, debe prepararse para hablar de datos, supervisión técnica, talento especializado y responsabilidad jurídica. La IA no será solo un asunto de ingenieros o programadores, también será un asunto de reguladores, operadores, abogados y autoridades aeronáuticas.

La inteligencia artificial puede ser una gran aliada de la aviación. Puede ayudar a anticipar riesgos, optimizar recursos y mejorar la toma de decisiones. Pero su integración debe partir de una premisa sencilla: en aviación, innovar no significa reemplazar la seguridad, significa elevarla.

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