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martes, 5 de noviembre de 2013

La reciente tragedia con pérdida de 11 vidas humanas y el colapso de la estructura de la torre 6 del Conjunto Space en el barrio El Poblado de Medellín, con el posterior deslizamiento de edificaciones contiguas, enciende las alarmas urbanas.

Nos recuerda la importancia de actualizar constantemente las normas que regulan la materia, la obligación de intervención del Gobierno Nacional, lo vital que es para las Alcaldías que no se desentiendan del asunto y la necesidad de tener un sector de empresarios de la construcción honestos, éticos y responsables.

El desarrollo urbanístico es un tema de altísima trascendencia para las ciudades y por ello no se puede hacer a la topa tolondra ni guiado por la intuición ni el olfato de hábiles negociantes, que sólo piensan en pegar ladrillos sin tener en cuenta el drama de una familia que puede perderlo todo por una irresponsabilidad.

La planeación y las recién creadas curadurías urbanas, así como los alcaldes, son las piezas centrales de este ajedrez del desarrollo citadino no sólo porque otorgan los permisos sino porque representan la autoridad competente a la horas de los juicios de responsabilidades ante eventuales desastres. En Barranquilla parece que no aprendemos la lección. Después del derrumbe del barrio Las Terrazas en el año 1977, el entonces municipio debió haber extremado los controles y las exigencias para construir en la zona.

Bastó que llegaran unas firmas de ingenierías pudientes, amparadas por chequeras familiares y de prestantes cadenas comerciales, para que las normas se las pasaran por la faja y se desatendiera todo el universo de cuidados que debe tener en cuenta para construir en zonas de alto riesgo por las características del suelo.

Así desembocamos en la tragedia del barrio Campoalegre en Barranquilla, que se recuerda como una ladera con pendiente ondulada cubierta por un bosque secundario, como la describe el ingeniero Jaime Suárez Díaz en su sitio www.erosión.com. En las zonas más húmedas aquella vegetación era mucho más abundante y en algunas áreas se encontraban árboles medianos, principalmente donde están las urbanizaciones Carson, Mirador y Puertas del Caribe.

Estos territorios de árboles corresponden a zonas de nacimiento de agua que existían en 1972, explica Suárez Díaz. La documentación de la época revela un proceso de tala de bosques con reducción de los árboles de mayor tamaño en comparación con los existentes en 1972.

La tala de bosques y el descapote fue evidente para la construcción de la avenida Circunvalar. Cuando comenzó la urbanización del barrio Campoalegre, se había destruido prácticamente la mayoría de los relictos de bosques secundarios, advierte el ingeniero Suárez Díaz.

Fue así como a finales de 1998 pudo detectarse un movimiento del terreno en el barrio Campoalegre, llegando a ser continúo hasta afectar numerosas viviendas y obras de infraestructura, incluyendo la carrera 38. La conclusión especializada es que “los movimientos del suelo en el barrio Campoalegre se deben a que está compuesto por arcillas de origen marino muy sensitivas o rápidas, las cuales pierden gran parte de su resistencia al ser alteradas por los procesos de urbanización y/o por procesos de humedecimiento y secado”.

Entre los procesos de urbanización que alteran el suelo y pueden actuar como activadores de los movimientos se encuentran los siguientes: Excavaciones y rellenos para la construcción de vías, excavaciones de zanjas para servicios públicos, cimentación de viviendas, edificios y otros tipos de estructuras, modificación de los patrones de drenaje superficial y vibraciones por equipos y maquinaria.

Nos encontramos entonces con la realidad de un suelo de equilibrio aparente, que al ser afectado por la urbanización se alteró de manera progresiva. El movimiento inicial del terreno por una alteración se transmite a los suelos inmediatamente contiguos y el proceso se va extendiendo ladera arriba en forma similar a un proceso “creep”, de acuerdo con el ingeniero Suárez.

Imposible no tener a la mano tales elementos por parte de las constructoras que vendieron los conjuntos. Imposible desconocer los riesgos. Imposible desconocer que en principio “la superficie de falla de deslizamiento pueda no ser perceptible, pero poco a poco se va formando por reacomodo de las partículas. Las partículas poseen una estructura floculada y el proceso de alteración permite la modificación o colapso de esta estructura a una estructura orientada o desordenada”.

En este caso pecaron los constructores que vendieron, pecó la administración por supuesta omisión y se perjudicaron centenares de familias que confiaron en unos empresarios privados que a la postre brillan por irresponsables. También confiaron en una alcaldía que los defendiera y solo han encontrado un gobierno que les da la espalda.

Esperemos ahora que la orden impartida por el Presidente Santos al Ministro de Vivienda y a la Oficina Nacional de Gestión del Riesgo sirva para atender la emergencia de Campoalegre y las zonas aledañas.