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OPINIÓN

Le llegó la hora a la facturación por horas

10 de agosto de 2026

Juliana Salazar Bonett

Co-fundadora de Colombia Legal Edge y Abogada externa
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La noción de facturarles a los clientes por horas crea un incentivo perverso para ambas partes. Nos acostumbramos a cobrarles a los clientes por cada hora trabajada, algunos facturando por minuto, otros regalando mensajes de chat hasta que se cansan y los empiezan a cobrar al triple.

Unos con horas de cien mil pesos, otros con horas de tres millones de pesos. Sin embargo, todos siempre en el mismo bus: tratando de facturar más mientras que el cliente no quiere gastarse una millonada en servicios legales. Esta problemática surge, en parte, por perpetrar la idea de que los abogados son unas deidades que se pueden dar ese lujo.

Esa distancia que existía entre los empresarios y los abogados se está viendo amenazada por herramientas de tecnología e inteligencia artificial, haciendo que el cliente inevitablemente se pregunte: ¿Será que usaron IA para hacer este contrato y me están cobrando de más? Algunos argumentan que la hora debería valer aún más porque somos más eficientes de lo que jamás podríamos haber imaginado, mientras que otros se molestan cuando el cliente llega con un contrato macheteado que habla de daños punitivos que ni existen en la legislación colombiana.

Finalmente, el resultado es el mismo: nadie está contento y no cesa el sirirí de cómo usar la inteligencia artificial en la industria legal. La única solución que nos queda, al igual que al resto de las industrias en el planeta, es la innovación. Algunas ofertas laborales nuevas sugieren combinar al abogado con un analista de operaciones para ponerle el místico nombre de “Legal Ops” a lo que antes era “el abogado”.

Sin embargo, más allá de mezclarnos los unos con los otros, a los abogados nos hace falta renovar el modelo de negocio para poder seguir sirviendo a los clientes. Muchos se preocupan por ser irremplazables, pero lo que estamos viendo va mucho más allá de eso. Reemplazables somos todos, quién sabe si por una máquina o alguien que simplemente es más inteligente o rápido, el problema real es que a los clientes ya nos les sirve nuestro sistema. Los negocios son apresurados, la plaza está tan competida como nunca y los emprendedores tienen hambre por salir a mercado de primeros.

Nadie quiere esperar al abogado que se demora una eternidad en revisar un contrato, ni tampoco tiene tiempo para andarse preguntando por qué se demoró tanto. Es más, hasta el modelo del concepto jurídico está en riesgo. Con mi amigo Claudio investigando a la velocidad de la luz hasta yo misma me he preguntado si tiene sentido pagar por un concepto jurídico.

Puede haber muchas maneras de innovar, pero una de las que más sentido parece tener es volvernos más relevantes de lo que somos costosos. La figura de “General Counsel” que usan los americanos puede darnos alguna luz de cómo arrancar: ya no podemos ser un abogado o una firma más, ahora somos el consejero de confianza.

¿Que toca regalar un par de horas para construir esa confianza? De pronto sí, pero eso nos enseña una lección que nos va a cambiar la vida: aquella de cómo generar valor más allá de la profesión misma con integridad y creatividad para que el cliente, por fin, deje de mirar el contador y pague por nuestros cerebros, no por
nuestro tiempo.

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