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lunes, 27 de junio de 2016

Sí, pensar en que a partir del 23 de junio de 2016 en Colombia ya no habrá más fuego cruzado entre la Fuerza Pública y la Guerrilla de las Farc  y que se implementará un mecanismo para que las armas de propiedad de las Farc sean entregadas a la ONU aunque puede ser ingenuo, porque más de uno aún desconfía, da esperanza y alivio a miles de familias de colombianos que lejos de las ciudades no podían dormir por el sonido de las balas y el miedo de quedar atrapados en medio del combate o ser víctimas de balas perdidas, atentados y demás crímenes de guerra que no queremos recordar. A veces recordar revive el rencor que es la gasolina del conflicto. 

No sabemos qué pasaría si se incumple algún punto  del Acuerdo, pero según el borrador conjunto que fue publicado porque el texto final que efectivamente fue firmado en La Habana no ha se conoce íntegramente, se establecerán unas “instancias regionales y una instancia nacional de verificación que se encargarán de “constatar y verificar los incidentes o violaciones del presente Acuerdo de conformidad con la información documentada por los equipos de monitoreo, así como presentar recomendaciones al Gobierno Nacional y las Farc-EP, para prevenir o corregir hechos que atentes contra el de los acuerdos”; con lo que parece que se busca brindar un mecanismo de solución de controversias diferente a volver a las armas.

 A pesar de mi optimismo, esto no deja de generar dudas que tal vez por mi formación me llevan a preguntarme ¿cuál sería entonces el medio para obligar a que los acuerdos se cumplan?, ¿cuál es el carácter vinculante de las famosas recomendaciones y cómo se implementan las correcciones a los hechos que violan el Acuerdo?, ¿quiénes son esas instancias?, pero es mejor creer que la voluntad de los actores del conflicto no es otra diferente a cumplir con su palabra.

Es importante creer, tener esperanza y no torpedear este primer paso que tantos colombianos vemos como el hecho más importante de la historia de Colombia. Nuestro muro de Berlín. 

Para creer me aferro a las declaraciones de las Farc de aceptar el plebiscito y acatar lo que diga la Corte Constitucional en su estudio de legalidad: hay un reconocimiento y sometimiento a la Constitución, su validez e instituciones por parte de las Farc que en su lucha armada después de 1991, parecían no entender las garantías que ahora sí tienen quienes tuvieran una visión diferente del Estado y su funcionamiento.

Es lamentable que haya hecho carrera que, como las sentencias de la Corte Constitucional, conozcamos los puntos del acuerdo sólo por medio de comunicados de prensa y, como en este caso,  borradores de textos que no necesariamente reflejan fielmente los acuerdos. 

Lamentable que ese desconocimiento del texto definitivo de rienda suelta a interpretaciones que llevaran al traste todo lo que se ha tratado de construir con estos Diálogos. Es inevitable dudar, pero es obligatorio creer.