Viernes, 31 de julio de 2015

Algunas instituciones en Colombia ya han comenzado a incorporar estos cambios. Esto lleva a que sea más costo-eficiente y rápida la interacción del ciudadano con la administración de justicia y los organismos de vigilancia y control. Por esto, el Banco de la República permite que se diligencien en línea los formularios de inversión extranjera y es posible revisar el estado de un proceso en línea. Incluso, la declaración de impuestos se puede hacer por medios magnéticos. 

No obstante, la tramitología on-line no logra responder todavía de manera integral a las necesidades de los usuarios. En algunos trámites, los sistemas informáticos imponen barreras o limitaciones a quienes los usan, que no están en la ley. 

Por ejemplo, el sistema de declaración de impuestos en línea elimina la posibilidad de declarar como agente oficioso, por el requisito de firma electrónica. En el caso de los formularios del Banco de la República, éstos solo se pueden diligenciar en computadores que tengan Windows XP, o anterior.

 La solución que se nos planteó cuando pusimos de presente la situación fue buscar un café internet. Lo anterior refleja los dos grandes problemas que truncan los avances hacia una institucionalidad más tecnológica. En primera medida, los sistemas informáticos son muy rígidos.

En algunos casos desactualizados y hasta deficientes. Por otro lado, quienes operan estos sistemas no están familiarizados con su funcionamiento y esto les impide adaptarse con facilidad cuando la realidad dista, aunque sea incidentalmente, del sistema. De ahí que tantas veces haya resonado en toda oficina de trámites el mantra “es que el sistema no me deja”. 

Para hacer el verdadero tránsito a la era digital, es clave que esta frase desaparezca del catálogo de respuestas del funcionario público. Se necesitan sistemas más dinámicos y fáciles de usar. Es decir, una renovación en la plataforma de informática de las entidades del Estado. Poner información a disposición del ciudadano de forma más accesible y veloz, abriendo y aprovechando nuevos canales de comunicación entre éste y el Estado. 

 Así mismo, hay que replantear la relación del operario con el sistema de información. Es esencial tener conciencia del rol que debe tener la tecnología en todo proceso, que es ser una herramienta y no un límite para el funcionario. Una capacitación informática integral junto con sistemas más dinámicos, seguramente cambiaría la perspectiva de los operarios frente a la informática. Suscitando que “el sistema” sea cada vez menos una excusa y más una respuesta.

Estamos en medio de la revolución digital, y en consecuencia es necesario que las instituciones den un salto de calidad en materia tecnológica. La administración de justicia y la vigilancia y control debe mantenerse a la par de este cambio e incorporar un pensamiento más digital. Cosa que es sinónimo de claridad y agilidad, dos cosas que le hacen falta terriblemente a la tramitología colombiana.