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lunes, 25 de noviembre de 2013

En un reciente foro sobre Gobierno Corporativo, organizado por Confecámaras, Luis Guillermo Vélez, superintendente de Industria y Comercio, presentó los resultados de una muestra aplicada a 21.000 medianas y grandes empresas pertenecientes a sectores diferentes al financiero, transporte, salud y vigilancia privada, en la que se indagaba sobre la adopción de buenas prácticas y Gobierno Corporativo.

Según los resultados de la encuesta, 56% de estas empresas no cuentan con una junta directiva, lo cual es muy preocupante, si se tienen en cuenta que este órgano colegiado, es la herramienta fundamental del Gobierno Corporativo. Otro dato impactante es que de aquellas empresas que tienen una junta directiva, 80,7% no cuenta con un reglamento de funcionamiento y son muy pocos los casos en que la junta ha creado comités especializados de riesgos, nuevos negocios, nombramiento de ejecutivos, fijación de remuneraciones y de auditoría, entre otros.

Según el Superintendente, las causas de esta situación tienen que ver, en parte, con la transformación de muchas empresas en SAS, donde la figura de la junta directiva no es obligatoria, pero especialmente obedece a que la mayoría de estas compañías son sociedades de familia, administradas por sus fundadores y propietarios, en las que muy poca cabida tienen personas ajenas al núcleo familiar.

La falta de reglas claras, especialmente para la resolución de conflictos, la concentración del poder decisorio en una sola persona, la falta de planes de sucesión y la informalidad con que se manejan muchos asuntos, son características comunes en este tipo de empresas, en las que un divorcio o un conflicto entre hermanos o socios, puede ser fatal para la supervivencia y crecimiento del negocio.

Por existir una formalidad tan precaria, las juntas directivas, cuando las hay, se reúnen y sesionan informalmente, con intervalos de tiempo excesivamente largos, las actas se redactan y aprueban tardíamente y muchas veces ellas no reflejan con fidelidad lo acontecido en cada sesión, dando pie a impugnaciones y demandas, incluso de tipo penal, cuando se genera algún conflicto, comentó el doctor Vélez.

La gravedad de estos hechos, anotó, es la inmensa pérdida de valor que resulta de un conflicto entre familiares y socios, en el que solo hay 2 posibles ganadores: los abogados y la competencia, que disfruta viendo desde la barrera cómo el adversario se autodestruye. Mientras el conflicto crece y se fortalece, en la empresa la toma de decisiones se paraliza y toda la energía se canaliza en la forma de imponerse unos sobre los otros; mientras tanto, los bancos se alejan, empiezan a exigir garantías y recortan los créditos; por su parte, las familias se fracturan y relaciones de amistad de toda una vida se resquebrajan para siempre.

Algo que es claro, es que las empresas, especialmente cuando quieren crecer y fortalecerse, necesitan de un gerente que se encargue del día a día, que mantenga la operación y resuelva los problemas urgentes que surjan; adicionalmente requiere y de un directorio, que diseñe la estrategia de largo plazo, otorgue un mandato a la gerencia, ejerza supervisión sobre ese mandato y sobre la administración. Juntas directivas conformadas por los miembros de la familia o por los accionistas, pocas veces son el esquema de operación más acertado, porque lo que la empresa requiere, es la conformación de un cuerpo colegiado de expertos en diferentes áreas, que oriente a la gerencia, prevea y minimice los riesgos y cuyo interés fundamental sea agregar valor a la compañía.

Muchos empresarios podrían pensar que esto del Gobierno Corporativo no es más que otra moda de esas que pasan rápidamente, pero no; los bancos ya empiezan a preparar a sus analistas de crédito en estos temas, para que parte fundamental de la evaluación que se hagan antes de aprobar cualquier solicitud de crédito, sea la verificación de la existencia y aplicación de buenas prácticas, especialmente en los procesos de toma de decisiones, control y estrategias de largo plazo; un gerente propietario que toma decisiones caprichosas, sin consultar con nadie y que administra su negocio de manera poco formal, representa un mayor riesgo para los bancos y en consecuencia tendrá dificultades en la consecución de créditos y le aplicarán tasas de interés más altas.

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