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jueves, 14 de julio de 2016

En mi intervención, destaqué los aspectos que hacen un billete accesible para ciegos, a la vez que mencioné las dos coincidencias del evento en Valledupar, que fuera en homenaje a Alfonso López Michelsen y al compositor ciego Leandro Díaz que vivió y murió en dicha ciudad.

Por esta razón y aprovechando mi viaje a Valledupar, decidí visitar la casa de Leandro Díaz, por lo que tomé un taxi y le pedí que me llevara a este histórico lugar para los colombianos, donde disfrutó sus últimos años el juglar ciego.

Es una casa esquinera, donde se alcanza a ver entre la reja del antejardín, una foto del maestro Díaz y la silla mecedora donde solía pasar las tardes el músico, tarareando las más de doscientas canciones que compuso. Por fin me decidí a timbrar, pero no se escuchaba nada, volví a timbrar y salió Luz Marina, una señora muy amable, que me permitió seguir y tomarme una foto en ese antejardín y con todo respeto por la memoria de Leandro en la famosa silla mecedora, donde pude evocar el recuerdo del maestro y del compañero ciego que se nos fue.

Posteriormente salió Orlando Díaz su nieto, que muy amablemente me atendió y me recordó apartes de la vida de su abuelo, que pese a que era ciego de nacimiento compuso más de 200 canciones con los versos que se fijaron en su memoria, convirtiéndose en una celebridad del folclor vallenato con una de sus canciones emblemáticas, “Matilde Lina”. 

Agregó que a sus 83 años, el Festival de la Leyenda Vallenata le hizo un homenaje a un hombre y un juglar que no volverá a nacer, ni se repetirá en su dinastía.

La primera canción que compuso se llama “La loba ceniza” y lo hizo con sus mejores habilidades como eran la concentración y la memoria, donde grababa todas sus letras, versos, composiciones y las voces de todos sus amigos, pues nunca olvidaba una. 

Según me enteré, el maestro  comenzó a viajar por la región como cantante y se estableció por algún tiempo en el municipio de Tocaimo, Departamento del Cesar, donde compuso “La Primavera” y “La Trampa”, así como una canción grabada por el cantante vallenato Jorge Oñate “A mí no me consuela nadie”. 

El juglar decía sobre su ceguera que: “no le puedo negar que he sufrido de tristeza. Hace muchos años me pregunté ¿para qué me tiene Dios aquí en la tierra si no puedo ver? Pues para componer. Y si Dios no me puso ojos en la cara, fue porque se demoró lo suficiente colocándolos dentro de mí, por lo que todo lo que describo en mis canciones lo interpreto con los ojos del alma”.

Dimos tiempo a que llegara Ivo Díaz su hijo músico, pero se retardó, por lo que Orlando el nieto, me obsequió como regalo una colección del maestro Díaz, con comentarios y anécdotas hechas por el propio juglar sobre sus canciones, que desde luego las voy a compartir.

Por último le recomendé a Orlando, que como estudiante de Derecho, revisara la Sentencia C-764 de 2013 que obliga a elaborar una recopilación de la música y escritos de su abuelo, así como la elaboración de una escultura, un documental y la declaratoria de patrimonio cultural de la Nación de la  obra del maestro ciego. 
 

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