Martes, 2 de septiembre de 2014

El cambio en la postura monetaria causará una reversión de los flujos de inversión, que irán ahora hacia las economías avanzadas, tal como ocurrió a mediados de 2013, cuando el anuncio sobre el desmonte del relajamiento monetario cuantitativo de la Fed, ocasionó desvalorizaciones importantes en los bonos soberanos emergentes.

Si bien se espera que estos efectos sean más moderados que los ocurridos el año pasado, es posible que tomen fuerza si coinciden con choques internos. En Colombia la incertidumbre sobre el futuro de las finanzas públicas es un factor de riesgo, que puede incrementar la desvalorización de los TES.

Para la banca, que cuenta con $34,1 billones invertidos en bonos del gobierno, una fuerte desvalorización puede tener efectos sobre la rentabilidad. Incrementos en la tasa de los TES entre 51 y 128 puntos básicos ocasionan que el portafolio tenga un menor valor entre $0,8 y $2 billones. Por eso es importante hacer una adecuada gestión del riesgo, ya sea reduciendo la duración del portafolio o haciendo una recomposición del activo.

En junio de 2014 las inversiones representaban 17,4% del activo bancario, mientras que tres meses atrás esta proporción era de 19,9%. La recomposición del activo le ha venido dando mayor peso a la cartera, que muestra un dinámico crecimiento alrededor de 13%. Este ritmo de expansión luce sostenible y se espera que se mantenga en el corto plazo, en especial teniendo en cuenta que el próximo año se iniciarán los desembolsos para la financiación del programa de concesiones de infraestructura vial de cuarta generación.

La mayor colocación de crédito mejora la profundidad financiera del país, al tiempo que ayuda a mitigar el riesgo de mercado ante la alta volatilidad internacional. Pero para que sea sostenible, se debe seguir haciendo, como hasta ahora, un otorgamiento cauteloso. 

Aunque las carteras en mora de la modalidades comercial y microcrédito crecen a tasas mayores que la bruta, la tasa de mora de la comercial continúa próxima a sus mínimos históricos y las provisiones cubren la totalidad de la cartera vencida en ambas modalidades. Además, el endeudamiento y la rentabilidad de los deudores del crédito comercial sugieren que están en capacidad de cumplir sus obligaciones con la banca.

En junio de 2014, el saldo de esta cuenta crece a una tasa de 17% real anual, dando cuenta de que la labor de intermediación de la banca está siendo respaldada por un mayor capital. En efecto, la relación de solvencia alcanzó 15,3% en el primer semestre del año, esto es más de seis puntos porcentuales por encima del mínimo regulatorio exigido. 

Por estas razones, a pesar de que en el corto plazo se prevén amenazas de origen interno y externo, la estabilidad del sistema no está amenazada. Los indicadores de liquidez, solvencia y rentabilidad de la banca se encuentran en niveles adecuados. Al mismo tiempo, su gestión de los riesgos se lleva a cabo de una manera prudente.

Si la banca mantiene una adecuada gestión de sus activos y se sigue monitoreando permanentemente el comportamiento de los principales indicadores de riesgo, la estabilidad del sistema no se verá afectada. La solidez patrimonial con la que cuentan los bancos del país, sus adecuados niveles de liquidez y una generación positiva de utilidades permiten afrontar sin mayores consecuencias los choques que puedan venir en el corto y el mediano plazo.