Viernes, 27 de febrero de 2015

El informe ha resaltado aspectos poco estudiados en estas naciones de pobre desempeño institucional, pero sobre todo ha insistido en la necesidad de abordarles desde la paradoja central que arrojó tal estudio.

Los PMA se hallan inmersos en una contradicción categórica: tales economías presentaron un crecimiento económico superior a la media global; sin embargo al evaluar sus niveles de desarrollo humano quedaron muy lejos de la meta trazada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para 2015. 

¿Cómo explicar que un crecimiento económico récord no haya servido a las economías consideradas menos adelantadas para lograr una mejor posición en el sistema internacional? Esa pregunta fundamental es la que intenta resolver el reporte de la Unctad sobre los PMA.

Primeramente es importante conceptualizar a qué Estados se denomina PMA. La ONU agrupó a las naciones que presentaron menores indicadores de desarrollo económico y social. En la lista incluyó a más de 50 países caracterizados por su impotencia institucional (en algunos casos, inexistencia de instituciones), pobreza, debilidad en el recurso humano (explicada por la carencia de niveles básicos de educación, alimentación, salud y alfabetización de la población adulta), y vulnerabilidad económica. 

Hoy, tal categoría cuenta con 48 economías, desglosadas en 34 países para África, nueve asiáticos, cuatro de Oceanía y un único país americano, Haití.

El reporte de la Unctad aduce que las explicaciones para la paradoja citada radican en la falta de concordancia entre el crecimiento económico alcanzado por los países menos adelantados (su crecimiento promedio anual del PIB, entre 2000 y 2008, fue superior a 7%) y los procesos de transformación productiva e institucional. 

Esto es, si bien estas economías lograron aprovechar el auge de los commodities (materias primas), es claro que sus estructuras institucionales y procesos productivos se quedaron estancados en el tiempo. 

La generación de empleo fue mínima, por no decir nula, y la migración poblacional desde las zonas rurales a las urbanas no representó mayor inserción al sistema productivo, sino un sobre poblamiento de las áreas en las que la informalidad se había instalado.

Ahora bien, los culpables de tal situación no han sido sólo los PMA como protagonistas de su historia. Así como existen causas domésticas también se han expuesto algunas internacionales, que han agudizado la posición de dichas naciones. 

A pesar de los compromisos pactados en los foros multilaterales, en los que se había avanzado de manera decidida a apoyar los planes, proyectos y programas que les beneficiarían, el incumplimiento por parte del grueso de los donantes hizo que se llegara a la paradoja de altos ingresos y limitados avances. 

Con la excepción de la relativa buena posición de las naciones asiáticas, los demás PMA se quedaron lejos de alcanzar adecuados lugares en relación con el logro de los ODM.

Ante esta situación, el sistema de Naciones Unidas ha propuesto los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS). Estos, sin descuidar el desarrollo económico como eje financiero sobre el cual moverse, han puesto en primer lugar al desarrollo humano. 

La meta esta vez es 2030. A partir de ahora empieza una nueva carrera contra el reloj.