Miércoles, 4 de febrero de 2015

La Celac reemplazó lo que hasta su momento se conoció como Grupo de Río, y se ha enfocado en suplir las anteriores sesiones en las que los países de América Latina procuraban soluciones a sus problemas más profundos.

Dicha organización tuvo su punto de partida en una atmósfera enrarecida por el rechazo de muchos Estados de la región frente a Washington. Liderados por los miembros de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (Alba), diversas fueron las naciones que se sintieron atraídas por la confrontación entre la tradicional e institucionalizada Organización de los Estados Americanos (OEA) y el naciente organismo. 

Otras, sin embargo, fueron más prudentes, pues comprendían -como debe hacerse- que el sistema internacional es cambiante y que el ambiente de confrontación no debía nutrir la integración regional.

Hoy, cuando las condiciones visualizadas en torno a los diálogos adelantados por los miembros de la Celac son bastante diferentes a las de 2011, se ha podido evidenciar una cumbre con características claramente lejanas a las que pudieron ser apreciadas en el pasado. 

Hugo Chávez murió y con él la fortaleza de su propuesta revolucionaria, Rafael Correa abandonó su radicalismo y adoptó un discurso más moderado, Cuba inició diálogos con el gobierno estadounidense y desarrolla importantes acercamientos que le llevarán a restablecer los lazos diplomáticos con Washington y, entre muchos más aspectos, la credibilidad de los gobiernos de Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner ha sido afectada por una cadena de acontecimientos domésticos que disminuyeron cualquier protagonismo regional.

El citado contexto, con las novedades expuestas, llevó a que esta vez en Costa Rica, mientras el gobierno de Luis Guillermo Solís adelantaba esfuerzos para que la reunión se desarrollara dentro de lo previsto, la III Cumbre de la Celac bajara la intensidad en el uso del discurso “anti-yanqui”.

En esta oportunidad, aunque se mantuvo la naturaleza de la retórica relacionada con los temas de independencia política y económica frente a Estados Unidos, el trabajo interno estuvo más enfocado en lo que la región procurará para avanzar en temas sociales y económicos. Esto, a pesar del particular gusto por permitirle a China el modelo de “intervención por invitación”, alguna vez trabajado por la profesora Arlene Tickner en sus investigaciones académicas.

Los planes para enfrentar problemas de alimentación en América Latina y el Caribe, por ejemplo, fueron objeto de estudio durante todo el año 2014. 

En la II Cumbre del organismo se había trazado como tarea básica pensar y repensar el tema. Así fue como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) llegó con una propuesta para lograr la desaparición total del hambre en la región, con plazo a 2025. 

El trabajo de esta agencia especializada del sistema de Naciones Unidas se desarrolló con el apoyo de la Cepal y la Aladi, y se apoyó en el hecho de entender en América Latina a la única región que a 2015 cumplió con el primer objetivo del milenio, de reducir a la mitad la proporción de personas víctimas de la carencia de alimentos. Sin duda, sale bien librada la Celac cuando hace a un lado su posición antiestadounidense y se dedica a trabajar en beneficio propio.