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Juan Pablo Riveros Viernes, 20 de diciembre de 2013

Se ha complicado mucho el ejercicio profesional del derecho. Ahora por ejemplo le preguntan a uno si tiene el celular de Julio Sánchez o si es vecino de Néstor Morales en Anapoima. Al responder uno que no, le preguntan si de casualidad sale en la Revista Caras habitualmente o si tiene galería de arte.

Al repetirse la respuesta negativa y antes de decirle a uno que buscarán otras opciones, los clientes hacen una última pregunta: ¿lleva usted algún caso relevante ante la Fiscalía General de la Nación? Se lo pregunto – dicen regularmente – porque usted sabe que eso sí ayuda mucho.

Y viéndolo bien, a la larga los clientes pueden tener algo de razón, o mucha, o toda. Los medios administran justicia y los jueces buscan a los medios. Es decir la justicia es mediática, por punta y punta.

Personalmente me preocupa esa realidad y por eso vengo perfilando una nueva práctica jurídica, una especialidad realmente, que comenzaré a presentar a consideración de las facultades de derecho: el “Programa de Abogados de Telenovela”

En principio pienso dirigirme a la U. del Sinú – qué paradójico nombre – porque su Decano es el doctor José Gregorio Hernández, que en otros tiempos trabajó en los medios y conoce los medios. 

Porque pienso a ciencia cierta, por un lado, que el mercado es apetecible: si en Colombia hay 400 mil abogados, en la televisión nacional hay 300 mil novelas. 

Pero además, creo que un jurista egresado del “Programa de Abogados de Telenovela” puede abaratar sensiblemente los costos de las programadoras y de los productores.

En efecto, la esencia de toda telenovela descansa sobre un problema jurídico básico: las novelas que transcurren en el campo con frecuencia surgen de un problema de abigeato y, por regla general, de trata de personas. En la novela del campo es usual que un hacendado enajene su hija, linda, huérfana y al cuidado de una tía soltera, para entregarla al gamonal de la zona y trabar así una alianza agrícola/económico/política. 

La hija se resiste a ser un objeto de comercio y emprende la huida con el juez del lugar, que por lo general es Promiscuo (en el sentido procedimental del término), y entonces llega el turno de los abogados de derecho público porque se comienza a desenvolver paralelamente toda la trama del abandono del cargo, la necesidad de un conjuez para tramitar el caso y el derecho policivo entra en acción para buscar a la hija del gamonal que como todos adivinan a esta altura, es menor de edad. Turno para el derecho de familia.  

En el género de la telenovela urbana es muy socorrida la problemática que surge del inexcusable error notarial que se traduce en la indebida asignación de una gran herencia: la voluntad última del creador de la riqueza (abuelo o abuela) se tuerce inesperadamente para favorecer al más ingrato de todos los nietos, vicioso, buen vida y desagradecido, en perjuicio de los que amorosa y desprendidamente acompañaron al viejo o a la vieja sus últimos días con abnegación. Entran sucesiones, corporativo, notarial, etc.

Las fallas en el sistema de salud son otro campo fértil para la telenovela. No es infrecuente la metida de pata del médico que dejaba ciego al galán, que pasa a desmontarse de los caballos de polo para “ver” por su vida y sus finanzas. Todas las mujeres que lo rodeaban y se lo peleaban ponen pies en polvorosa y ante la incapacidad sobreviniente las finanzas del exitoso y apuesto Genaro se vienen a pique. Solamente la fidelidad de su secretaria (a la que Genaro primero no veía porque no le interesaba y luego porque no podía) permite reconducir los negocios y cantar el triunfo del amor sobre la codicia. ¿Dónde está el abogado experto en responsabilidad civil, el de seguros y el de insolvencia? 

Cuando saquemos la primera promoción de Abogados de Telenovela se tendrá una nueva realidad y es que todos los nudos se podrán desenredar en solo dos capítulos, cuatro por mucho. Todo el mundo ganará porque los costos de producción se reducirán, los abogados sin oficio podremos ejercer dignamente y tendremos nuestra oportunidad mediática.

Observo un solo problema y es que como ahora muchas novelas consisten en hechos atroces que fueron realidad, es posible que los abogados de telenovela sean los que en realidad actuaron en todos los crímenes y latrocinios que ahora se refritan en al TV colombiana. Y entonces seguirán los mismos con las mismas. 

Pero creo que lo podemos remediar imponiendo a todas las programadoras la obligación de contratar egresados del “Programa de Abogados de Telenovela” por un mínimo de dos capítulos. Algo me dice que si los preparamos bien le van a quitar el trabajo a los que hoy dominan en la televisión y en los medios en general.  

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