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Mónica Villegas Sábado, 17 de marzo de 2012

Quienes luchamos por una Internet libre, legal y segura, observamos que la libertad de contenidos en la web, pareciera haber iniciado una carrera ideológica como tecnológicamente irreversible.

La red viene siendo atravesada por una idea errónea de que todo lo que allí circula es de dominio público, lo que ha procurado más de un conflicto y perdido más de una batalla, en favor de los derechos de autor. Los cargos impuestos a Kim Schmitz, dueño de Megaupload, por citar el ejemplo más reciente.

Uno de los principales y más sustanciosos objetivos de internet es el acceso a los bienes culturales. Pero acceder no es sinónimo de robar. Como consultar no lo es de disponer. Sin ir más lejos, a fines de 2011 la escritora española, Lucía Etxebarría declaraba en su cuenta de Facebook: 'Dado que se han descargado más copias ilegales de mi novela que las copias que han sido compradas, anuncio que no voy a volver a publicar libros'. La valenciana, ganadora del prestigioso Premio Planeta en 2004, agregaba 'no me apetece pasarme tres años trabajando para esto'. En este, como en tantos otros casos, la omisión de los derechos de autor estaría atentando, como primera medida, contra la propia producción y distribución de los productos culturales y como en última a lo circulante por internet.

Imaginemos, por un momento, que la decisión de la escritora ibérica fuera imitada por autores, compositores, cineastas y científicos, el escenario se torna oscuro.

Es decir, sin la protección de los derechos de autor, nos estaríamos quedando sin la posibilidad, no solo de disfrutar de las bondades de invenciones revolucionarias para la humanidad si no del sentido original de internet.

El primer principio que debemos tener en cuenta cuando hablamos de derechos de autor (copyright) es que el autor es propietario de su obra desde el momento mismo de su creación, sin necesidad de registro o cumplimiento de alguna otra formalidad. Este precepto es común a todas las obras intelectuales, desde escritos literarios a software, pasando por fotografías, películas cinematográficas, programas de televisión, música, entre otras.

El segundo punto que se debe observar es saber que la libre circulación de información, que es uno de los principales cimientos de la web, permite a cualquier persona poder transmitir y compartir lo que desee, siempre y cuando esa información no posea un propietario.

En muchos casos quienes ven en los derechos de propiedad una amenaza se sienten amenazados por las instituciones. Simple cuestión de derechos y valoración de su propio conocimiento.

La red es una herramienta que llegó para quedarse y que se ha ido incorporando a nuestra vida cotidiana casi sin darnos cuenta. Hemos abierto la ventana a una nueva forma de comunicación y eso trajo el surgimiento de nuevas vulneraciones de derechos.

Es por eso necesario actualizar y adecuar la protección de los autores y su articulación con la nueva cultura instalada.

El desafío se centra, en trasladar al entorno digital y las comunicaciones por Internet el pacto social implícito que estuvo subyacente desde el surgimiento de la propiedad intelectual planteado en el equilibrio de la protección de los autores y los intereses colectivos de acceso a la cultura. Pero como dijo Albert Einstein, 'no podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de razonamiento que hemos seguido al crearlos'. Los derechos aún esperan una respuesta.

Antecedentes
La Ompi, organismo perteneciente a las Naciones Unidas, pidió entender a la PI como 'cualquier propiedad que, de común acuerdo, se considere de naturaleza intelectual y merecedora de protección, incluidas las invenciones científicas y tecnológicas, las producciones literarias o artísticas, las marcas y los identificadores, los dibujos y modelos industriales'.

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