Carlos Parra Dussan Jueves, 12 de julio de 2012

Algunos de los aspectos a destacar de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20 son: la adopción de un tímido plan multilateral frente a los problemas ambientales del planeta, una agenda convergente renovada de los movimientos sociales y el bloqueo parcial a la legitimación del discurso que plantea la economía verde como solución a la crisis ambiental.

En 1992, se celebró en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, conocida como Cumbre de la Tierra, con resultados como la aprobación del Programa 21, un Plan de Acción Mundial para Promover el Desarrollo Sostenible, y la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo que es básicamente un conjunto de principios que definen los derechos y obligaciones de los Estados respecto del medio ambiente y el desarrollo. Esa Cumbre fue el origen de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que en 1997 acordaría el famoso Protocolo de Kioto para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

20 años después de aquella Cumbre de la Tierra, en medio de una crisis estructural del modelo civilizatorio occidental, se celebró del 20 al 22 de junio del presente año la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20, centrada en dos temas principales, el de la economía verde o ecológica con vista a la sostenibilidad y la erradicación de la pobreza, y la creación de un marco institucional para el desarrollo sostenible.

El plan de acción abarca una veintena de áreas, que incluyen desde la erradicación de la pobreza hasta los bosques y la biodiversidad, pasando por seguridad alimentaria, ciudades, océanos, montañas y minería, entre otras. Pero queda muy corto en relación al tamaño del desafío; sobre todo cuando no cuenta con recursos para su implementación.

Entre los temas en los cuales el G77 no cedió, es el de la economía verde, que algunos actores pretendían que sustituyera al concepto de desarrollo sostenible consagrado por Naciones Unidas hace 20 años en la Cumbre de la Tierra Río 92, bloqueando parcialmente la mercantilización de la economía verde.

La propuesta de la economía verde es un concepto vago, impulsado por el sector empresarial y sus gobiernos aliados, con el patrocinio del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente -Pnuma, que pretende que las medidas de protección ambiental puedan convertirse en una actividad altamente rentable, lo cual repercutiría en mayor inversión privada en ellas. Ahora, por lo menos, será más difícil utilizar la Declaración de Río como justificación para el proyecto de mercantilizar la naturaleza bajo el paraguas de la economía verde.

De esta manera, se hizo un llamado a una visión holística del desarrollo que guíe a la humanidad a la armonía con la naturaleza y a la restauración de la integridad y salud de los ecosistemas de la tierra, cuando persiste la lógica antropocéntrica en la que prima el hombre sobre la naturaleza, colocándolo en el centro del desarrollo sostenible.

En conclusión, estamos viviendo y sufriendo los límites de un modelo civilizatorio insostenible, pues los pueblos del sur han recuperado su dignidad y el norte ya no puede seguir creciendo a costa de su explotación, por esto el bloqueo parcial de la economía verde, con el fin de impedir que a Ama Lurra, la Pachamama se le siga explotando indefinida e incontroladamente como se ha hecho hasta ahora.