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Colprensa miércoles, 11 de septiembre de 2013

Desde que inició el proceso de paz con las Farc, el Gobierno ha anunciado que su duración sería breve, poniendo fechas límite de las que no podían pasar las negociaciones. Sin embargo, la dinámica de la mesa y los inconvenientes que se han presentado en el proceso han aplazado el límite.

El afán del Gobierno ha sido explicado por varios expertos que afirman que esto se hace para diferenciar este proceso de las malas experiencias anteriores. Entre ellos, está el exconsejero de paz Carlos Eduardo Jaramillo, quien afirmó que “esta urgencia que tiene el Gobierno se da porque necesitan mostrar que no se está repitiendo El Caguán”.

Cuando se anunció el proceso de paz, el 27 de agosto del año pasado, el presidente Juan Manuel Santos anunció que los diálogos ya estaban adelantados y que la firma de la paz sería “una cuestión de meses, no de años”. Al pasar el tiempo, en enero de este año, el Mandatario anunció que el proceso iba progresando lentamente y que se debía “acelerar el paso”.

No obstante, se presentaron las primeras diferencias entre el Gobierno y las Farc, por cuenta del secuestro de los policías Víctor Alfonso González y Cristian Camilo Ayate. Tras su liberación, los diálogos volvieron a la normalidad. A finales de febrero, el Gobierno acusó a las Farc de querer dilatar los diálogos en La Habana, lo que generó inseguridad entre la gente y la sensación de que los diálogos se iban a romper.

A pesar que esta tampoco fue la última vez que eso ocurrió, el primer día de marzo, las dos comisiones negociadoras emitieron un comunicado conjunto en el que afirmaban que ya habían alcanzado los primeros acuerdos agrarios.

Analistas como el periodista Carlos Lozano, director del semanarario Voz, dijo en ese entonces que “muchos creen que saliendo del tema de tierras, que es bastante complejo, el resto será fácil”. Agregó que los siguientes temas de la agenda, que hablan sobre la participación política, el fin del conflicto, el narcotráfico y la reparación a las víctimas “son sensibles y difíciles”, por lo que la negociación tomaría más tiempo.

El exconsejero de paz Carlos Jaramillo, afirmó que “el Gobierno no puede esperar que todo se haga de afán”, y agregó que “un proceso como estos se toma su tiempo; tiene su propia agenda y va marchando según lo que se vaya decidiendo en la mesa”. En abril, el presidente Santos anunció su deseo no solo de que los diálogos terminen antes de noviembre de este mismo año.

Esta posición, que ha mantenido desde entonces, se justifica, según Jaramillo, por los intereses electorales de las partes. “Si el Presidente quiere buscar la reelección, tiene que terminar este proceso pronto, porque después de noviembre sus apariciones públicas serán muy limitadas por la Ley de Garantías”, afirmó.

Luego de varios meses en que las Farc se negaran a acelerar el proceso y varias acusaciones de diversos sectores políticos sobre sus intenciones, esa guerrilla comenzó a acelerar el paso. A finales de julio, hicieron referencia a las víctimas del conflicto y reconocieron su responsabilidad parcial en el tema. Esto generó muy buenas reacciones entre algunos sectores de la política, dándole un aire de esperanza al proceso. Al final del ciclo de diálogos número trece, en los últimos días de agosto, tanto el Gobierno como las Farc revelaron que mientras se discute el segundo punto de la agenda, se están haciendo avances en otros puntos.

También se anunció la solicitud a la ONU y a la Universidad Nacional de realizar un nuevo foro con la ciudadanía en el que se discutiera el tema de la lucha contra el narcotráfico.

Este nuevo afán de las Farc, según afirma el exembajador de Colombia ante la OEA, se debe a que “las Farc quieren participar en la política de Colombia y van a hacer todo lo posible por meterse en las próximas elecciones”.

Poco después, el alto comisionado de paz, Sergio Jaramillo, hizo una declaración en la que dijo que “los diálogos de paz pasan por su momento más crítico”, porque actualmente “se están discutiendo los temas más importantes de la agenda”.

Esta declaración la concluyó dando la razón a su predecesor, Carlos Eduardo Jaramillo, diciendo que “una negociación de paz funciona en unos tiempos que no necesariamente son los tiempos de las instituciones ni de la constitución”.

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