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Reuters miércoles, 6 de mayo de 2015

Pese a cinco semanas de campaña, ni el Partido Conservador del primer ministro David Cameron y ni el Partido Laborista de oposición encabezado por Ed Miliband tienen una ventaja clara, lo que augura un resultado poco concluyente tras los comicios del jueves.

Las elecciones ponen en juego decisiones clave para Gran Bretaña por la rara confluencia de factores que podrían ser determinantes para el futuro de la nación en la Unión Europea y su estructura política doméstica.

Cameron ha prometido realizar un referendo sobre si el país debería permanecer o no en la UE en caso de que continúe en el poder. Y los sondeos sugieren que los nacionalistas escoceses podrían emerger como el tercer partido más importante, pese a haber perdido un plebiscito el año pasado sobre la escisión de Escocia del Reino Unido.

“En el peor de los casos - y no estoy haciendo una predicción - los efectos de que se tome una decisión equivocada podrían implicar que, por varios años, se pierdan dos uniones que han sido cruciales para la prosperidad y la forma de vida de todos en Gran Bretaña”, dijo Nick Clegg, viceprimer ministro y líder de los Liberales Demócratas, a Reuters durante la campaña.

Hace cinco años, Gran Bretaña vio surgir su primera coalición de Gobierno desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Cameron no consiguió la mayoría electoral y selló una alianza con el partido centrista de Clegg para gobernar juntos y repuntar la economía.

Muchos británicos piensan que se trató de un caso único.

Pero el ascenso de partidos más pequeños como el independentista Partido Nacional de Escocia y el Partido de la Independencia de Reino Unido (Ukip, por su sigla en inglés), un movimiento que rechaza la asociación con la UE, ha restado apoyo a los dos grupos políticos tradicionales.

Un sondeo de opinión publicado ayer destacó cuán ajustada es la contienda, al indicar que los conservadores apenas llevan una ventaja de 1%  sobre los laboristas. La encuesta sugiere que los principales partidos ganarán la mayoría de los 650 escaños del Parlamento. Pero algunos políticos creen que los sondeos podrían estar errados.

Neil Kinnock, ex líder de los laboristas, cree que algunos votantes son “tímidos” al exponer sus preferencias a los encuestadores, algo que notó cuando perdió las elecciones en 1992 pese a que los sondeos le habían dado una ligera mayoría hasta el día de los comicios.

“La gente que dice a los encuestadores que no están seguros o que no votarán por los conservadores luego va a las urnas y dice: ‘Qué diablos, me quedaré con lo que ya conozco’”, dijo Kinnock a la revista New Statesman.

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