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Colprensa sábado, 24 de mayo de 2014

El gobernador del estado estadounidense de Tennessee, Bill Haslam, firmó la semana pasada una ley que reintroduce el uso de la silla eléctrica en caso de escasez de inyecciones letales, informaron los medios locales.

En pleno debate nacional sobre los métodos con que se aplica la pena de muerte tras algunas ejecuciones accidentadas en los últimos meses, Tennessee se convierte en el primer estado de EE.UU. en dar un paso que ya se había debatido en otros.

La nueva norma obligar a los presos en el corredor de la muerte a ser ejecutados en la silla eléctrica si las autoridades penitenciarias del estado no encuentran los medicamentos necesarios para la inyección letal, que se están agotando porque las farmacéuticas que los fabricaban han dejado de venderlos.

La escasez de los fármacos empleados en la inyección letal se remonta a 2011, cuando la empresa estadounidense Hospira, una de las que proporcionaba un componente clave, detuvo la producción.

Poco después, la Comisión Europea prohibió la exportación de productos para ser usados en inyecciones letales, en un intento por “acabar con la tortura y la pena de muerte” en el mundo, con lo que a las cárceles estadounidenses se les cerró la alternativa europea.

Así, a medida que se les han ido agotando las existencias de inyecciones letales, los estados se han visto obligados a probar inyecciones letales que no se habían utilizado antes, como ahora ha hecho Tennessee.

El uso de la silla eléctrica ya era legal en el estado, pero sólo para los condenados a muerte antes de 1999.

La última ejecución llevada a cabo en Estados Unidos, la de Clayton Lockett, un reo de Oklahoma que murió de un ataque al corazón tras pasar 40 minutos sufriendo convulsiones después de recibir la inyección letal.

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