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Juliana Ramírez Prado - jramirez@larepublica.com.co sábado, 26 de noviembre de 2016

Por más de cuatro años el proceso de paz ha surgido como un especie de ensayo y error que ha generado consensos y ahora que la pelota está en el Congreso estos deben ser garantes del momento histórico que vive el país y no desbalancearlo para convertirlo en un error que le cueste a los colombianos.

Ya no caben más tergiversaciones ni ideas sin fundamento como revocarse a ellos mismos. Una vez se refrenden esta semana los acuerdos de paz a los que llegó el Gobierno y las Farc, llega la implementación, palabra tan relevante que de las 310 páginas que tiene lo pactado, aparece nombrada 299 veces.

Esto solo será posible con  la aprobación eficaz de leyes. Urge la dejación de armas por parte de las Farc pero urge más que iniciativas como participación política, desarrollo agrario, amnistía, fortalecimiento institucional en las zonas del conflicto, solución a problemas de drogas ilícitas y víctimas, sean aprobadas para que no vuelvan a ellas.

El Acto Legislativo de la Paz da un plazo de seis meses para darle rienda suelta a la parte jurídica y blindar los acuerdos, tiempo prorrogable que se podría extender a nueve meses. 

Finalmente, cabe agradecer a los negociadores, especialmente al jefe del equipo del Gobierno, Humberto de la Calle y al alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, por persistir y no dejar que la esperanza de la paz se nos esfumara de las manos

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