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  • Adriana Martínez v

martes, 7 de febrero de 2017

La respuesta no es fácil, pero sí puede especularse sobre eventuales posibilidades que nuestro país pudiera tener si no existiera ese TLC en el futuro. Al eliminarse para México la posibilidad de acceder al mercado norteamericano con sus productos, como si fuera su mercado nacional, nace para otros países la facultad de competirle. 

De igual forma al afectarse las condiciones para la inversión extranjera directa pactadas, el dinero disponible para promover industrias podría ir a otros lugares, aún cuando no estamos deseándole el mal a un país hermano. Siendo realistas todo puede suceder y debemos estar atentos a responder a los retos que se nos pudieran presentar para llenar la demanda de productos del bloque norteamericano. Cabe mencionar que, por ejemplo, México exporta a EE.UU., el 60% del café que produce. 

En materia de hidrocarburos y minería,  hay que considerar que con una recuperación leve de precios, perceptible en petróleo y carbón para nuestro país,  se vuelve a estimular el interés de los inversionistas en proyectos de estos sectores. Es pues interesante que potenciales inversionistas de EE.UU. y Canadá, que están hoy en México o que tendrán más recursos disponibles,  pudieran en el corto plazo buscar otros destinos y tuvieran a Colombia entre sus opciones.  Hacia el tercer trimestre del año anterior, México tenía inversión extranjera directa en el sector minero-energético, proveniente de cuatro países: EE.UU. (37.8%) Canadá (34.2%),  Países Bajos (12.8%) y Bermudas (4.3%), por valor de US$10.576 millones. Sin embargo, para que algo así fuere posible para Colombia en el futuro, se requiere revisar una vez más, nuestras condiciones de competitividad, para ajustarlas. 

El Gobierno Nacional podría dar aplicación al Smart Mining Index, para determinar el nivel de atractivo que tiene Colombia, respecto de los países que le compiten por la inversión extranjera disponible para los sectores extractivos, y promover los cambios necesarios en todos los campos allí previstos. Aún cuando acabamos de estrenar una reforma tributaria, debe analizarse para este caso en particular, si es necesario hacer mayores ajustes a fin de poder participar del capital de inversión para minería e hidrocarburos disponible. Si ello significa mejorar las condiciones de competitividad en materia de Government Take, para mantener una tasa interna de retorno favorable a los proyectos, sin afectar los intereses del Estado y atrayendo nueva inversión al sector, debería considerarse hacerlo. Cabe señalar que el sistema más atractivo para los inversionistas sería uno que estableciera tasas condicionales al margen operacional, las cuales son las que finalmente determinan la rentabilidad de un negocio. 

En fin, pueden estarse abriendo puertas y hay que permanecer atentos y tomar las decisiones oportunas que conlleven a  rescatar un sector que tanto beneficio le ha dado al país. Cabe mencionar el efecto que un pequeño incremento de precios del petróleo, causó en las cifras de exportaciones de Colombia, al cierre del año anterior. Es momento de reflexión profunda y de toma de decisiones. Confiamos en que el Gobierno Nacional también lo considere así.

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