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Colprensa Miércoles, 6 de septiembre de 2017

El Papa Francisco habló sobre la reconciliación.

“Muchas gracias por el esfuerzo que han hecho, muchas gracias por el camino que se han lanzado a realizar, eso se llama heroísmo. Hasta los más chicos pueden ser héroes. Cuando vienen engañados o se equivocan, se levantan y son héroes y van adelante. Sigan adelante. No se dejen vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa”.

Este fue el mensaje del Papa Francisco a su llegada a la Nunciatura Apostólica en Bogotá, al dirigirse a un grupo de jóvenes que le cantaron y le bailaron, a los niños y jóvenes que dejaron atrás las calles y hoy agradecieron su visita.

Rostros imperfectos, sombreros típicos colombianos, gorras de colores, rap, cumbia, cantos y alabanzas, gritos para llamar su atención, personas en silla de ruedas, mujeres, adultos mayores, personalidades políticas como el expresidente de la Cámara de Representantes, Miguel Ángel Pinto, y el Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, fueron los que recibieron al Papa Francisco. Un hombre que al verlo se puede describir como radiante, paciente, tranquilo, carismático, humilde y atento.

También lo recibieron con regalos, los cuales entregaron Angie y Ferney, jóvenes del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud, Idiprón, una entidad de la capital del país que los ayuda a salir de las calles. Ellos mismos fueron los que contagiaron de alegría por la llegada del Sumo Pontífice.

Una ruana, para representar a los artesanos colombianos; un velón, que es luz, “como él”; y un vitral, para que los recuerde, fueron los detalles que le dieron, aunque para el padre Leiner Castaño, el verdadero regalo fueron ellos: los jóvenes.

“Podríamos tenerle preparado una bandeja con esmeraldas, que son propias de nuestra tierra, con algunas piezas sacadas del Museo del Oro. Podríamos regalarle al Papa equipos sofisticados, pero a él no le interesa eso. Este es el mejor regalo que le podemos dar. Unos niños que son de la calle, que fueron resocializados, y que danzan, cantan y le dan sus regalos”, dijo el padre.

Sobre las 6:00 de la tarde, cuando el Papamóvil tomó la carrera 15 y terminaba el recorrido que inició desde el Aeropuerto Militar de Catam -que se convirtió en la cuenta regresiva de quienes lo esperaban-, las emociones que transmitían los asistentes parecían indescriptibles.

“Va por el Concejo de Bogotá”, decía el padre Astolfo Moreno, el encargado de la organización del evento, y la gente se emocionaba cada vez más. Lo que empezó como un ensayo por parte de los grupos artísticos de Idiprón, se convirtió en una espontánea celebración, y los nervios, incluso, hacían que uno y otro periodista se empujara. Decían los de los medios internacionales: “El Papa está en Colombia”.

Solo hubo silencio cuando habló. La calma que transmite el Primado de Italia tranquilizó incluso a los organizadores, que pendientes de que nada saliera mal, les advertían a los jóvenes cantantes y bailarines que no se lanzaran sobre él. Pero llegado el momento, la advertencia se vio innecesaria. Todos respetaron sus palabras.

“No se dejen robar la alegría y la esperanza”, reiteró el Primado de Italia, quien hizo que los asistentes repitieran su mensaje minutos antes de entrar a la embajada del Vaticano, en donde una habitación sencilla, con frutas colombianas, una silla reclinable, mate argentino y un cuadro del Padre Marianito de Angustura, lo esperaban.

El Papa, que fue recibido por el presidente Juan Manuel Santos, su familia y todo su gobierno; saludado por miles de colombianos que salieron a la Calle 26 solamente para verlo pasar; y siendo el invitado más esperado de los últimos meses en Colombia, ingresó finalmente a la Nunciatura, la misma en la que se quedaron Pablo VI en 1968 y Juan Pablo II en 1986.

Eso sí, antes de ingresar agregó: “¿Les puedo pedir un favor? Recen por mí. Que dios los bendiga”.

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