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Juliana Ramírez Prado - jramirez@larepublica.com.co lunes, 15 de agosto de 2016

Fue asombrosa la masiva asistencia de los ciudadanos que salieron a las calles defendiendo el concepto tradicional de familia. Sin embargo, con sus mensajes de odio y resentimiento, contra la ministra Gina Parody por acatar la Sentencia T- 478 de 2015 de la Corte Constitucional, se evidenció que muchos no sabían realmente qué estaban haciendo. Pedían “respeto” para que supuestamente no se imponga la identidad de género a sus hijos desde los colegios, solicitando esto con mensajes soeces: un verdadero ejemplo de padres.

Una cosa es protestar contra la gestión de Parody por aspectos como que no ha logrado que los estudiantes colombianos salgan de los deshonrosos últimos puestos de las pruebas Pisa o por los estudiantes ‘fantasmas’ que se han reportado en diferentes partes del territorio nacional.  Otra, muy diferente, es protestar por difamaciones, ratificando la discriminación y la intolerancia,  y en consecuencia como planteaba el columnista, Sergio Ocampo Madrid, demostrando que “Sergio Urrego tenía razón en su gesto simbólico de morir”.

Los centros educativos juegan un papel crucial en la promoción del respeto y de la inclusión de la diferencia en el sistema social. No se trata de inculcar que si no se define como hombre o mujer no cabe en la sociedad sino de entender que todos somos personas. Aunque ya se aclaró que no se distribuirá ninguna cartilla, el Gobierno realmente debería promover el respeto a la diferencia en esta. Sin embargo, en un país que no lee sería un fracaso.

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