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jueves, 14 de junio de 2012

En el año 2010, Analac y algunas empresas del sector industrial lácteo manifestaron su insatisfacción ante la Superindustria por la comercialización y producción de varios productos líquidos a base de lactosueros.

En su opinión, se asemejaban en su presentación a la leche. Con fundamento en dicha queja, el ente de control inició una investigación contra apenas algunas de las empresas que comercializaban el producto en el mercado. El procedimiento se enfocó -pese a la acuciosa tarea que ha desarrollado la SIC- únicamente en las mezclas líquidas que contenían lactosueros.

Vale la pena aclarar, que la mayoría de productos que están siendo objeto de indagación, cuentan con registro sanitario y se han puesto en el comercio con empaques que los identifican claramente por su género, esto es, mezcla, alimento y/o bebida, acompañados por una juiciosa descripción de sus ingredientes y en algunos casos incluso, con marcas que los diferencian claramente de la leche. Debe destacarse que estos productos no son una invención local, y al igual que otros derivados lácteos, su ingesta diaria tiene gran valor nutricional y son de enorme aceptación y venta en países como Brasil y México.

La entrada al mercado de estos productos surgió como una respuesta a la presencia de leches crudas e ilegales de pésimas condiciones organolépticas, y en algunos casos, frente a leches adulteradas de empresas clandestinas e irregulares que no cumplían con la normatividad sanitaria. Las empresas productoras, no podían competir con los 'productos' de origen incierto antes mencionados, que por si fuera poco, eran ofrecidos a precios ridículamente bajos, y que constituían un riesgo evidente para la salud de los consumidores de los estratos más bajos.

Esta situación, fue el antecedente inmediato a la presentación en el comercio de las mezclas lácteas producidas por empresas reconocidas que presentan una opción válida, sometida a la normatividad sanitaria y que se ofrecen como un sustituto válido de la leche. Debe recalcarse especialmente, que estos productos, no se enfocan a los estratos socio-económicos altos de la población, son comercializados en los estratos 1, 2 y 3, donde $ 50 y $ 100 resultan relevantes para la toma de una decisión de compra de un producto básico de la canasta familiar.

Por esta razón -que ya es de conocimiento de la SIC- resulta paradójico que se esté poniendo en entredicho la conducta de empresas que lanzaron un producto que en su identificación plasma de forma expresa su naturaleza, denominación y características. El problema en este caso no es de libertad de escogencia, ni de confusión; el centro de la controversia son los recursos con que cuenta el consumidor para atender este tipo de necesidades, es decir en el derecho que le asiste al consumidor a recibir un producto seguro, de características y naturaleza claras por un precio determinado, especialmente cuando dicho consumidor tiene recursos económicos limitados. A estas alturas, si se llegasen a suprimir del mercado las mezclas lácteas, difícilmente el actual consumidor de estos productos tendría la capacidad adquisitiva para sustituirlos por una leche ultrapasteurizada, larga vida o tetra pack.

En caso de no encontrar en el mercado estas mezclas claramente identificadas, se desplazaría la demanda hacía las leches adulteradas o hacía la leche cruda, que por su naturaleza, sí presentan un peligro enorme para la salud pública. Por esta razón, preocupa el enorme despliegue mediático que con poca claridad ha surgido, y en el cual, difícilmente se atiende la verdadera dimensión de este proceso, y con el cual, se está poniendo en entredicho, la conducta de reconocidas empresas del sector, que presentan un producto como una opción más, para la dieta de los menos favorecidos.

Laura Constanza Rojas

Consultoría jurídica

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