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Adriana Martínez Villegas Miércoles, 5 de diciembre de 2012

Llama la atención que una decisión como ésta, y la evaluación de la contribución de la minería al desarrollo de la ciudad, se mida exclusivamente por el monto de regalías pagadas.

 

En los últimos tiempos son reiterados los argumentos de los enemigos de la actividad minera relacionados con supuestos daños ambientales irreversibles,  la poca generación de empleo y la baja tributación, todos presentados con vehemencia y parcialidad. Hoy en día y en todos los escenarios, la gente se siente autorizada para opinar sobre la conveniencia o no, de adelantar proyectos mineros y petroleros en Colombia,  con muy poca o ninguna información que apoye su juicio.
 
Lo primero para decir es que Bogotá fue construida y ha venido creciendo a partir de las minas que hoy se pretenden cerrar. 
 
Los materiales de construcción y las arcillas, que han impreso a Bogotá su carácter, y que a juicio de propios y extranjeros la hacen una ciudad bonita y arquitectónicamente valiosa, están hoy amenazados. 
 
De otra parte,  no se está considerando que el costo de la vivienda y de las obras públicas en la ciudad capital se podrían incrementar exponencialmente, y que por ello estos proyectos pueden verse amenazados en su viabilidad. 
 
Si hoy un apartamento en Bogotá vale más que en el barrio Manhattan de la ciudad de Nueva York, de cumplirse los anuncios del Distrito no habrá quien pueda pagarla. 
 
Adicionalmente, podemos despedirnos del proyecto de metro, de las ampliaciones del Transmilenio, del plan de vivienda gratis y acostumbrarnos a  no tener vías y padecer los huecos y trochas de Bogotá, porque traer los materiales de otras zonas del país va a costar demasiado. Hoy en día, por cuenta de los problemas coyunturales de las minas de agregados del sector de Tunjuelito y Chocontá,, y a manera de premonición, un metro cúbico de materiales de construcción,  de conseguirse en Bogotá, según dicen los consumidores superan los noventa mil pesos. Entonces, ¿qué nos espera en el futuro?. 
 
Lo mismo podemos decir de la industria del ladrillo, que al quedarse sin sus minas, tendrá que dejar de producir, o  verse abocada a incrementar los precios del ladrillo como si fueran lingotes de oro.  
 
Como lo señala Camacol, hoy “los componentes que tienen mayor importancia en la edificación son además los que están presentando el mayor aumento de precios” y para Bogotá la situación será aún más dramática.
 
Pero lo cierto es que el común de las personas no sabe o no entiende que “La actividad minera es una realidad y no una opción” como bien lo dice la Dra. Claudia Jiménez, directora gremial del Sector de la Minería a Gran Escala. En efecto, no es sino fijarse un tanto en todo lo que nos rodea para darse cuenta que la mayoría de cosas que se consideran primordiales, provienen de materias primas mineras.  
 
Desde las calzas que nos ponen en la boca, la sal con que consumimos los alimentos, hasta los computadores y los teléfonos celulares que a diario utilizamos.
 
Es lamentable que el debate que se viene dando en el país en relación con la minería, sea carente de ideas y razones válidas, que en nada ayuda al país.  
 
Quienes estamos vinculados a este sector de tiempo atrás, reclamamos seriedad en los análisis y evaluaciones que se hacen.  Es claro que existen situaciones susceptibles de mejorar y debemos trabajar unidos para que ello ocurra, pero las posiciones extremas hacen difícil lograr esos cambios, que todos anhelamos hacia una minería responsable.