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martes, 21 de junio de 2016

Todo esto a pesar de que Colombia se encuentra en proceso de adhesión a la iniciativa Eiti sobre transparencia, que supone un buen control del recaudo e inversión de los aportes del sector extractivo al desarrollo nacional y regional a través de impuestos y regalías. Es evidente que siguen los problemas con tan importantes recursos y  no debe permitirse que se esfumen altas sumas de dinero como sucedió en Coveñas, según las denuncias de esta semana. 

Ya se presentó por parte de nuestro país el primer informe Eiti con la finalidad de dar mayor divulgación y conocimiento de los aportes de las compañías en recursos de inversión, y el mismo coincidió con las acertadas decisiones del DNP en torno garantizar que se inviertan bien los recursos, pero siguen existiendo casos de despilfarro.

Ello toma mayor importancia cuando no sabemos a futuro qué irá a suceder en relación con tales aportes en regalías. Ya hay una reducción significativa de esos ingresos fiscales, por cuenta de la disminución de la producción y de la caída de los precios internacionales. 

Adicionalmente, hay que tener en cuenta que se abre camino la tesis que estamos en transición hacia una economía menos dependiente del petróleo y la minería, registrando esto como algo muy favorable para el país, porque según algunos es salir de la enfermedad holandesa que nos aquejaba. 

Estamos abandonando este motor de crecimiento para darle el liderazgo a otros sectores económicos, que en opinión de otros, fueron descuidados por largo tiempo. Cabe preguntarse si esta decisión es correcta y qué pasará además con las obras públicas de interés regional y demás inversiones que se financiaban con los cuatro fondos que se alimentaban de las regalías. 

Basta con mencionar un ejemplo: el fondo de ahorro pensional territorial. Hasta antes de la reforma al sistema general de regalías, las entidades territoriales tenían un pasivo enorme con sus trabajadores por concepto de pensiones. Gracias a las regalías de las minas y el petróleo, a septiembre de 2015,  de $57 billones de deuda, se había financiado 76% provisionando $43 billones, y quedando pendientes $14 billones por provisionar.  ¿Será que estos recursos pueden ser reemplazados con otros ingresos corrientes de la Nación? o valdrá la pena seguirle apostando al sector extractivo, eso sí apoyando a quien haya que soportar para mejorar los encadenamientos productivos y para mejorar el desempeño del sector agrícola y ganadero y del sector industrial,  con el fin de asegurar la generación de regalías que otros no producen. 

Lo anterior, teniendo en cuenta que la misma Agencia Internacional de Energía se atreve a pronosticar que para el final de la segunda mitad de 2016 o comienzos de 2017, veremos que la brecha entre oferta y demanda de hidrocarburos se reducirá casi a cero, y que ello conducirá al mejoramiento de los precios internacionales del petróleo pudiendo registrarse alguna recuperación de su dinámica.  

No han pasado sino cuatro años desde que hicimos todo un cambio en el andamiaje regulatorio, para poder salir de las dificultades económicas y para apoyar a las regiones de manera que la mermelada fuera a toda la tostada y que el país avanzara hacia el desarrollo. 

Por qué dar un viraje tan fuerte al timón y bajarnos del todo de esa locomotora de crecimiento? El presidente de la Comisión Quinta de la Cámara de Representantes ha dicho que no se aconseja por parte de esta comisión, abandonar la senda recorrida, sino por el contrario, apoyar a una industria que le dio tanto al país durante sus momentos de bonanza. Ojalá sea escuchada la voz de la Comisión.