En Inglaterra se toma el fútbol muy seriamente. Estado, clubes, federación y por supuesto aficionados miman este deporte que ofrece entretenimiento y dinero. Fue allí, a raíz de tragedias importantes (Heysel y Hillsborough), que cambiaron la forma de ver el fútbol. Quitaron vallas y tribunas con espectadores de pie, controlaron los violentos y otras medidas que hicieron del fútbol inglés el mejor del mundo. Tres eventos recientes, la quiebra y desaparición del Bury FC un equipo con más de 130 años de existencia, el COVID y la crisis financiera que esto generó por la ausencia de aficionados en tribuna y el intento de crear la Superliga por parte de clubes muy poderosos generaron inquietud en el gobierno.
El “Secretary of State for Digital, Culture, Media and Sport” entendió que había que intervenir y revisar cómo se gobiernan los equipos pues era notoria la falta de control sobre la gestión económica de los clubes y la desconexión entre los hinchas y la gerencia. Un panel independiente redactó el “Fan Led Review Of Football Governance”: un estudio sobre gobernanza y participación de los hinchas en el fútbol profesional inglés.
El estudio se basa en la situación de los hinchas, la importancia para el desarrollo de los campeonatos y la desconexión que hay entre estos y los equipos. Concluyó que la premisa “el club es de sus dueños” es falaz. Indica de manera contundente que los dueños de cualquier equipo de fútbol son solo custodios temporales y no propietarios en sentido absoluto del equipo.
Hay varios aspectos desde la óptica comercial que impiden tratar a los hinchas como meros consumidores. No cambian de equipo si el “producto se deteriora” en este caso el equipo se vuelve malo, y son una pieza fundamental de todo el entramado de este deporte. La pandemia lo dejó claro, los patrocinadores huían y las arcas de los clubes se vieron seriamente afectadas al no contar con el bolsillo siempre generoso de quien compra camisetas, boletas y prende televisores.
Incluyó el estudio situaciones tan mediáticas como el fracaso de la Superliga Europea que se vino abajo básicamente porque a los hinchas ingleses no les interesaba un campeonato que estaba basado únicamente en un asunto comercial.
No es descabellado abrir un espacio para que los hinchas colaboren o al menos sean oídos por parte de la gerencia de un club. Sin ir mas lejos en Alemania los equipos sociedades anónimas el 50% más 1 de los derechos de voto deben estar en cabeza de los aficionados.
Para el gobierno inglés es necesario, de acuerdo con el estudio, que los hinchas participen en la gestión del equipo, no es una figura retórica como alguna vez la propuso el presidente que quería que las barras fueran los dueños de los equipos. En este caso se indicó que deberían participar en la gestión, no como gesto romántico, por el contrario, por necesidad. El estudio concluyó que cuando las decisiones se toman sin ellos, los clubes tienden a asumir riesgos excesivos, se desconectan de su comunidad y cometen errores que terminan en crisis. Incluir a los aficionados introduce un contrapeso real, mejora la calidad de las decisiones y alinea la gestión con la identidad del club. En un entorno donde el fútbol es tanto negocio como patrimonio social, su voz no es decorativa: es una forma de gobernar mejor.
Es bueno que nuestra dirigencia lea ese estudio para que entienda que los seguidores de sus clubes no son simplemente clientes y mucho menos enemigos, es más saludable contar con ellos que ignorarlos.
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