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OPINIÓN

Fútbol y violencia

25 de octubre de 2014

Andrés Charria

Fundador de Tres Puntos Consultores
Canal de noticias de Asuntos Legales

La gente no va al fútbol colombiano por miedo a que le ocurra algo entrando, mirando el partido o saliendo del estadio. Es cierto que el nivel de juego no es el mejor, que existen numerosas alternativas por televisión para ver grandes competencias y que no hay jugadores estrellas pues rápidamente son transferidos al exterior, nada esto frena tanto al posible asistente como el temor a la violencia en el estadio.

Las ligas europeas y por supuesto el deporte profesional americano tienen bajo control la violencia en los escenarios habida cuenta del impacto en el negocio que esta implica.

En Inglaterra, a raíz de dos tragedias que dejaron más de cien muertos en las tribunas de los estadios de Heysel y Hillsborough y la expulsión de competencias europeas, amén de la pérdida de espectadores de más de 35% se puso en la firme tarea de erradicar la violencia de sus estadios.

La labor se inició con un reporte que en menos de dos meses el juez Taylor identificó las causas de la tragedia de Hillsboroug y propuso soluciones para erradicar la violencia, la inseguridad en los estadios de fútbol, y sobre todo retirar de los estadios a los Hooligans, se trató de un esfuerzo mancomunado entre estado y equipos de fútbol representados por la federación inglesa para terminar der manera radical con dicho fenómeno.

La indicación fundamental es cero tolerancia; no se permitió y en la actualidad se permite o tolera cualquier acto de violencia o que incite a esta dentro del estadio; no son bienvenidos los violentos, no solo no son bienvenidos sino que se tomaron medidas para que estos no fueran admitidos en transporte público y en los bares y sitios públicos de la zona.

La primera medida fue prohibir de por vida el ingreso a los estadios de los líderes de las agrupaciones violentas, se terminó con los espectadores que miraban el partido de pie, todos los espectadores deberían estar sentados durante todo el partido esto aumenta la seguridad, permite más control de las autoridades y desincentiva las conductas agresivas. La disminución de puestos por esta causa se compensó con un aumento importante de los precios de las entradas, hecho que cambió el perfil del espectador de fútbol a uno con mas ingreso y educación y menos propenso a conductas violentas. 

Se identificó a todos y cada uno de los espectadores y se le prohibió la entrada a aquellas personas violentas, el desobedecer esta prohibición acarrea consecuencias penales poco deseables para sus autores.

Se prohibió de manera absoluta el lanzamiento de cualquier objeto a la cancha, igualmente, so pena de incurrir en conductas penales quedó totalmente proscrita la invasión al terreno de juego.

Los estadios de primera y segunda división fueron dotados con sistemas de circuito cerrado de televisión y se crearon brigadas especiales de manejo de violentos en espectáculos deportivos dentro de los estadios y aún en los barrios nichos de estas agrupaciones.

Se trató de un esfuerzo común de fútbol, estado y sociedad que costó muchísimo dinero y transformó el espectáculo; los costos fueron asumidos de manera paulatina por los clubes que recibieron préstamos y ayudas por parte del estado y los resultados a mediano plazo mejoraron por la calidad del espectáculo ofrecido que se reflejó en transmisiones masivas de la liga e ingreso de derechos de televisión importantes.

En Latinoamérica se ha intentado de manera tímida erradicar estas conductas con medidas poco eficientes, por ejemplo en argentina se prohibe el ingreso de seguidores del equipo visitante sin lograr erradicar la violencia pues son los miembros simpatizantes del mismo equipo quienes se disputan un territorio o una barra.

En Colombia este fenómeno es reciente pero ha crecido en popularidad y las víctimas son cada vez mayores, los estadios sin malla han sido una prueba importante frente a este fenómeno pero los disturbios y la actitud violenta por parte de estos grupos aumenta de manera importante.

La tarea de prevenir la violencia en los estadios es, como ya se dijo, una labor  mancomunada, y debe involucrar de manera importante a los equipos. Sin ir más lejos, en el pasado Real Madrid Barcelona estaban prohibidos por parte del equipo local la entrada al Santiago Bernabeu símbolos nazis o que invitaran a la violencia, en el caso de Barcelona, hace más de diez años está prohibida la entrada de los boixos Noi, la barra brava del Barcelona al Nou Camp.

¿Sería posible esta situación en Colombia, aceptarían los clubes retirar de las tribunas a los violentos que intimidan al resto de los espectadores? 

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