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sábado, 5 de diciembre de 2015

Resulta llamativo que sea la justicia norteamericana la que logró desvelar  Bedoya, más aún cuando se le consideró como el mejor dirigente deportivo del país de 2014, en una parte del documento la fiscal americana dice: “No contentos con secuestrar el deporte más popular del mundo por décadas con ganancias ilícitas, estos acusados trataron de institucionalizar su corrupción para asegurarse de que podían vivir de ella, no por el bien del juego, sino para su propio engrandecimiento personal y el aumento de su riqueza”.

En la Federación, donde no se les paga a las mujeres de la selección, donde se defiende a clubes que no le pagan a sus jugadores a pesar de la normativa FIFA,  que ignora deudas con academias de formación en favor de los equipos grandes; donde las comisiones “independientes” presentan fallos que desconocen principios fundamentales de derecho, nunca había pasado nada; cualquier insinuación de malos manejos se manejaba como una falta gravísima que implicaba (y creo que aún implica) el ostracismo total del imprudente.

En Colombia el fútbol es una rueda suelta, el presidente de la Federación está preso y dicen algunos que saben de las investigaciones que hay más altos dirigentes que correrán suerte similar. En el comité ejecutivo de la federación hay un representante de un equipo que está en la lista Clinton, otro presidente sale en el palco viendo a su equipo, acompañado del jefe de una de las más grandes y tenebrosas organizaciones de delincuentes de Colombia.  

No se ve intención de cambio en la Federación Colombiana de Fútbol, no ha habido la más mínima manifestación de repudio y si bien no se espera que se ataque a quien hasta hace menos de un mes era el dueño de todo el tinglado sería deseable que se implementaran mecanismos que impidieran en el futuro situaciones tan complejas como la que actualmente atraviesa el fútbol. Solo se ha hablado de buscar más dinero. Una de las tareas principales de la dirigencia es mejorar la situación económica de sus afiliados; sin embargo, creo que para el momento lo adecuado sería analizar la situación y crear estructuras y mecanismos que impidan que lo ocurrido se repita. 

Coldeportes como entidad de inspección, vigilancia y control tiene todos los instrumentos para controlar esta rueda suelta. Si la Superintendencia Financiera debe aprobar los nombramientos de los administradores de sus entidades vigiladas, ¿Coldeportes no podría hacer lo mismo? El reconocimiento deportivo en el caso del fútbol se reduce a presentar una carpeta con papeles que de estar completa automáticamente implica el reconocimiento.

Finalmente, ¿están seguros los patrocinadores de la Selección (o la federación) que el dinero aportado no corrió la misma suerte de aquél de los campeonatos internacionales?

Está pues, en manos del Gobierno o de Coldeportes entrar a limpiar el fútbol, la amenaza de desafiliación no puede ser una excusa para intentar al menos limpiar el fútbol.