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Sábado, 27 de septiembre de 2014

Nuestra sociedad pública, acostumbrada a trabajar hasta la hora en punto, paraliza nuestro país y el desarrollo de sus gestiones de forma arbitraria y descarada con el taxímetro encendido y “envenenado” marcando tarifa por el tiempo de asentamiento en un cubículo repleto de documentos, los cuales están a la orden de la disponibilidad de evacuación de su responsable.

Estos funcionarios, conocedores integrales del manual de derechos; expertos en detección de posibilidades de ascensos y encargos; Magíster en triquiñuelas jurídicas para tomarse tres días de descanso al mes; PhD en solicitudes por calamidades domésticas y citas médicas; campeones del mundo en saturación de ascensores a las 5:00PM; y Sextos mejores Alcaldes del universo a la hora de tomarse dos horas para el almuerzo; avergüenzan integralmente a una sociedad saturada por la inoperancia gubernamental de la que muchas veces injustamente sindican siempre a quien de turno, presta su nombre para tratar de mejorar y enderezar en lo posible, el rumbo de esa Entidad.  

Y es que el peso del buen nombre de la Entidad injustamente siempre recae sobre los 18 ó 20 que realmente ponen el pecho a la hora de tratar de mejorar en algo, el rumbo de la “empresa” para la cual fueron convocados. Las mal llamadas “nominas paralelas” o funcionarios de “Libre nombramiento y remoción” y Grupos directivos de la confianza integral del capitán de turno, sufren el juicio permanente y despiadado de la mayoría de “activos fijos” con cara de funcionarios que a lo único que se dedican es a imposibilitar las nuevas ideas y los esfuerzos de quienes realmente quieren aportar para el cambio y mejoramiento del organismo.

Estas “nominas privilegiadas” de la entera confianza de quien dirige la institución, además de trabajar 24/7, de aguantarse directamente la presión de su Jefe máximo, de no tener paz un fin de semana, de estar expuestos a aplazar varias veces sus vacaciones y muchas veces de trabajar en condiciones diferentes a quienes llevan más de 10 años en un mismo cargo; sufren constantemente el feroz bullying de algunos inoperantes elementos que calientan su puesto al son de los chismes internos lógicos de cualquier grupo social en el que están involucrados más de tres personas.

Es apenas obvio que la carga reputacional de la institución siempre estará ligada a quien la dirige, pero no podemos desconocer que quienes ejecutan las políticas son igualmente responsables del fracaso, lentitud e inoperancia de nuestras Organizaciones. La Contraloría, La Procuradoría e incluso la Fiscalía, deben asumir un control adicional a estos elementos vegetativos de las entidades públicas que a lo único que se dedican es a robar al Estado con la actitud retadora y tibia digna del resentido y la presencia empolvada y olorosa del tufillo propio de la envidia y el enfado. 

Haciendo honor a la verdad, también conozco de primera mano, muchos históricos funcionarios públicos dignos de admiración, responsabilidad y disposición, que en sus múltiples años de constante labor siempre han tenido la mejor entrega para desempeñar sus cargos. Con disciplina, responsabilidad y amor por su país, estos funcionarios han dedicado su vida entera a varias entidades que no ha reconocido esas capacidades especiales que se deben tener para la dura y muchas veces injusta senda pública nacional; pero en este caso, el tiempo y el espacio aplazará esa realidad para otro escrito.