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OPINIÓN

La paz también hay que negociarla en las calles

18 de enero de 2015

Canal de noticias de Asuntos Legales

El tema de que los prestadores de servicios públicos estén armados y recurran a la intimidación a través de sus radioteléfonos, crucetas, “hombresolos”, destornilladores y demás herramientas debe ser una cuestión que se regule con el mayor rigor a través de la Policía Nacional e incluso la Secretaría de Transporte de la Capital Colombiana. No es posible, que mientras este gremio quiere sacar a otras alternativas confiables del mercado, los consumidores de estos servicios deban depositarle la confianza a algunos posibles terroristas en potencia, cuyo nivel de estrés no lo sepan manejar a la hora de enfrentar los evidentes descaros de otros terroristas al volante, cuya única finalidad parece ser, acumular la mayor cantidad de hostilidades posibles.

Es comprensible que Bogotá se ha convertido en una ciudad en donde conducir es una verdadera tortura, no solo por los eternos obstáculos que hay que sortear en la totalidad de la maya vial, sino por los constantes y “tontos” errores que todos cometemos a la hora de asumir la responsabilidad de ir detrás de un volante. Lo condenable es que cada persona pretenda asumir por la fuerza los vacíos que la Policía de Tránsito deja por estar pensando única y exclusivamente en el pico y placa.

¿Revisa sus redes sociales cuando va conduciendo?; ¿Acelera cuando el semáforo está con luz amarilla?; Cuándo hay un accidente, ¿disminuye la velocidad para ver qué fue lo que pasó y de quién es la culpa?; ¿Compra cigarrillos, dulces, libros y los cd en los semáforos?; ¿no respeta las filas a la hora de hacer un cruce o un retorno?; ¿no deja un espacio en los cruces para que los carros que puedan hacerlo atraviesen la calle mientras usted está en el trancón?; ¿utiliza su carro para ir a tres cuadras de su casa?; ¿Sale 10 minutos antes de que se acabe el “pico y placa” para ganarse unos puestos en el trancón?, etc. Amigo mío, la culpa del caos y los problemas de movilidad son única y exclusivamente suya. 

Lo anterior por supuesto que no justifica que existan criminales sueltos por la calle “defendiendo” a la comunidad de esas arbitrariedades; pero, se ha puesto a pensar que en este mundo de locos sueltos y con nuestra pobre justicia, un error suyo podría desatar una cadena de violencia de dimensiones desproporcionadas?. 

En el país de Miss Tanguita, en donde quieren #diomedizar a la gente decente, en donde nuestra justicia lleva “de paro” toda la historia de nuestro país, en donde la gente aún vota por Samuel Moreno, Gustavo Petro y los representantes de esa ideología política culpable de los desastres históricos de la inequidad de Cuba y la desvalorización de Venezuela, no podemos darnos los lujos de seguir cometiendo errores tontos que imposibiliten más la calidad de vida en ciudades tan caóticas como Bogotá.

Los únicos responsables del curso de la historia en el país y en nuestras ciudades, somos nosotros mismos; no solo por quienes votamos, sino por los comportamientos cívicos que asumimos desde nuestros propios hogares. Antes de botar un papel a la calle, antes de parquear en un sitio prohibido, antes de llenar un apartamento de gritos y antes de seguir siendo indolentes con nuestro mismo entorno, recordemos que los únicos responsables de que exista paz, no son los ceses al fuego bilaterales que desarman a nuestro ejército como si ellos hubieran sido irresponsables con las armas. La paz también hay que negociarla en las calles y fundamentarla con nuestro comportamiento

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