Lunes, 2 de febrero de 2015

La gasolina, uno de los referentes más importantes de precios en el país, nos la cobran como si la trajeran directamente desde Arabia Saudita en lingotes de oro amarrados en clase ejecutiva al mejor estilo antizarrapastroso de Angelino Garzón. Este referente que impulsa directamente la economía del país, encarece sustancialmente los costos de los alimentos más básicos para una familia que no cuenta con los recursos del señor exvicepresidente.

De ahí para abajo, el efecto cascada hace su mejor aparición con los altos costos en el transporte, la salud, los medicamentos, la ropa, los fletes, los alimentos, las licitaciones públicas, las “coimas” delictivas de contratistas a funcionarios, etc. El sueldo mínimo, que como gran cosa se incrementó en un 4,6%, equivalente a $644.350 es lo que tienen mensualmente unos 2,3 millones de colombianos que sobreviven con este salario.

Los centros comerciales en Bogotá, por ejemplo, (esto no me lo van a creer en otras ciudades) se dan el gusto de cobrar el parqueadero. Si usted dura más de 6 horas en el Centro Comercial Andino, por ejemplo, sepa que va a tener que pagar cerca de $40.000; eso sin contar lo que se gastó esas seis horas que estuvo “mariposeando” por la zona T en donde seguramente se pegó uno que otro lamparazo con sus amigos.

“La burbuja ficticia” de la finca raíz, como la han bautizado los entendidos en estos temas, “nada que revienta”. Millones de colombianos aún con sus cesantías, ahorros y préstamos vigentes, no logran sumar lo que absurdamente piden las inmobiliarias por un predio medianamente ubicado en alguna zona de éste, el parqueadero más grande del mundo, por ejemplo.

¿Es justo que un apartaestudio de 60 metros en Bogotá logre costar cerca de $780 millones?; ¿es justo que con $644.350, una familia de 4 personas no pueda acceder a un sistema de salud prepagada porque la mensualidad le costaría cerca de 800 mil pesos?; ¿es justo que el iluminado Alcalde de Bogotá pretenda poner peajes urbanos con la calidad de la maya vial distrital?; peor aún, ¿es justo que alguien todavía vote por él?

Para seguir con los ejemplos Bogotá, por citar algo casual, es una ciudad en donde su Plan de Desordenamiento Territorial cobra vida propia cuando en menos de una cuadra usted pasa de la calle 100 a la avenida 68; cuando usted se sube a un puente vehicular en la calle 106 y no tiene a donde llegar porque se encuentra con algún muro, o mejor aún; cuando usted por x o y razón le dedica 2 horas de nalga a su carro o transporte público para ir a su oficina y regresar a su casa. ¿Eso es calidad de vida?

Señores del gobierno nacional y gobiernos municipales, está bien que esta situación histórica no sea culpa de ustedes y seguramente cuando ustedes estaban gateando estas mismas cosas ya sucedían. 

Recuerden por favor que algún día ustedes volverán a ser ciudadanos del común y sólo por negocio personal, deberían tomar cartas en este asunto ficticio de un país en vía de desarrollo en el cual seguramente hasta su Miss Universo hubiera podido responder que lo mejor que le hemos aportado al mundo es un claro sentimiento de igualdad y coherencia.