Domingo, 22 de febrero de 2015

No obstante, estos medios de comunicación en línea, así como traen grandes beneficios y oportunidades, también tienen riesgos, especialmente en relación con la protección de signos distintivos (marcas, lemas o nombres comerciales), los cuales deben ser prevenidos y controlados para evitar situaciones que puedan afectar la imagen de la compañía o el prestigio adquirido dentro del mercado.

A ningún empresario le vendría bien que sus signos distintivos aparecieran en un perfil de Facebook o cuenta Twitter administrado por un tercero no autorizado, cuyos contenidos y origen empresarial no correspondan con la realidad. Para evitar este tipo de situaciones y potencializar el uso de las redes sociales de forma segura, con resultados económicos favorables, es necesario conocer y tener en cuenta algunos aspectos y herramientas de protección legal, para prevenir cualquier acto malintencionado que pueda presentarse en estos sitios interactivos.

Como primera medida, es importante utilizar los buscadores que ofrecen las redes sociales para detectar cuentas o perfiles que empleen signos, bien sea de forma idéntica o similar. En caso de encontrar algún usuario infractor, debe actuarse de inmediato, remitiendo un requerimiento al responsable para que cierre lo antes posible la cuenta, y en caso de no tener éxito, iniciar una demanda civil por infracción de marca. 

Pero esta alternativa de acudir a las instancias judiciales directamente no siempre debe ser la primera opción, pues en muchas ocasiones no es sencillo determinar (i) quién realmente está detrás de un perfil, (ii) el juez competente para conocer del litigio, (iii) la ley aplicable, o en el peor de los casos, (iv) si la acción legal arrojará los resultados esperados. Para lo cual es aconsejable asesorarse de un abogado experto en el tema.

Ahora, tampoco resulta sencillo iniciar acciones en contra de los propietarios de las redes sociales, teniendo en cuenta que ellos pueden alegar en su defensa que no son responsables ni partícipes de los contenidos que allí se alojan, tal y como lo advierten en sus términos y condiciones, argumento que podría ser aceptado en un eventual proceso judicial. En razón a lo anterior, existen otras alternativas menos complejas con resultados quizás más positivos y amigables que deben intentarse antes de acudir a las instancias judiciales ordinarias. 

Una de las medidas más efectivas es la preventiva, la cual consiste en la apertura de varias cuentas o perfiles defensivos. Si una empresa va a lanzar un producto al mercado, antes de presentarlo en público debe, como parte de la estrategia, asegurarse de abrir previamente una cuenta en las redes sociales de mayor tráfico (Facebook, Twitter o Youtube), para evitar que terceros se adelanten y generen actos de confusión, desprestigio o desviación de clientela.

Otro buen método para proteger una marca en las redes sociales son las herramientas que estos sitios ofrecen para resolver casos de infracciones o usos no autorizados. Por ejemplo Twitter ofrece el servicio de denuncia, con el cual se logra suspender aquellas cuentas que infrinjan derechos de propiedad intelectual.

Por su parte, Facebook ofrece a los titulares de derechos marcarios o de autor que hayan detectado perfiles infractores, un sistema de denuncia a través del diligenciamiento de un formulario en línea (https://www. facebook.com/help/399224883474207), que permite informar a los administradores del sitio Web cualquier vulneración a los derechos de propiedad intelectual. En caso de confirmarse la infracción, Facebook notifica al infractor para que cese la conducta, si no hay respuesta favorable, se elimina la cuenta.  

Por lo tanto, estos mecanismos de control y prevención que ofrecen las redes sociales se convierten en una herramienta eficiente para la observancia de derechos de propiedad intelectual, pues evitan largos y costosos procesos judiciales, con decisiones inciertas.

Así que para evitar ser víctima de una posible infracción de marca en las redes sociales, es recomendable participar en ellas de forma activa, conocer sus mecanismos de protección o herramientas de ayuda, y abrir cuentas defensivas que reduzcan el riesgo de ciberocupación o futuros actos de confusión. Pero, si ninguna de estas opciones no resulta ser suficiente, deberá acudirse a las instancias judiciales ordinarias, las cuales deben manejarse con mucho tacto, paciencia y cautela, para evitar resultados adversos o inesperados.