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Martes, 2 de febrero de 2016

Afirma que la desigualdad es causada por la acumulación de riqueza y las erradas formas de avocar la distribución equitativa con sistemas fiscales equivocados, en los que no han sido bien diseñados mecanismos de progresividad tributaria. Esto ha llevado a la concentración de la fortuna en un porcentaje menor de la población: 10% posee más del 50% de la riqueza del país en el caso Colombiano. Esto justifica, para Piketty, el establecer un sistema tributario transparente que facilite la obtención de información y el mecanismo de mayor contribución por quienes más tienen.

Como elemento central de su tesis, afirma que el crecimiento económico por sí solo no trae menos desigualdad, fundamentado en la evolución de la concentración de la riqueza en las principales economías. Atribuye la mayor concentración a factores tales como los altos salarios, el alto costo de la educación que impide el acceso de muchos, la disminución del poder adquisitivo de los salarios y la ausencia de la presión de los sindicatos. Señala que los patrimonios acumulados son los que generan mayor desigualdad y se  evidencia por la concentración en la propiedad de la finca raíz, en activos financieros y en el papel de los capitales heredados, todo ello como causa que impide a quienes no tienen esos patrimonios mejorar su condición económica. En la conferencia, el rector del Externado Juan Carlos Henao consideró que el llamado “activismo judicial” podría estar llamado a contribuir en corregir las desigualdades y que el proceso de paz debía ayudar a mejorar la situación económica. Esto último fue corroborado por el profesor francés.

No obstante que en la charla no se refirió a la relación industria petrolera – desigualdad, el mismo profesor y diversos comentaristas se han referido a este tema. De hecho, recientemente, Piketty señaló a la desigualdad como motor del terrorismo originado en el Medio Oriente y culpó a los países de Occidente de contribuir con él. Señaló que esa región tiene la mayor concentración de riqueza del planeta, generada por el poder de las monarquías petroleras que concentran 60% o 70% de la riqueza lo cual genera unos sistemas políticos y sociales frágiles. 

Es obvio que la distribución desigual de la riqueza puede ser atribuida, al menos parcialmente, a la desigual ubicación del recurso natural en la tierra. No sólo entre países, unos beneficiados con su presencia y otros obligados a adquirirlo, sino también entre regiones de un mismo país, discusión ardua entre nosotros a la hora de fijar el destino de las regalías entre las regiones productoras y las que no lo son.

Desde otra perspectiva, en Colombia la historia obliga analizar si los ingresos que se han generado han quedado en el país o han salido de la mano de los inversionistas extranjeros.  Esto llevaría a revisar si la política petrolera en épocas de Ecopetrol y la obligatoria asociación con el capital extranjero resultó de mayor generación de riqueza para el país por hacer de esa empresa lo que es hoy o si es el esquema actual de concesión con regalías, impuestos y derechos económicos. Pero este análisis tiene que revisar si hubo alternativas distintas frente a las condiciones del mercado de cada momento. 

Las reflexiones animan a profundizar en el estudio de esos factores de la concentración de la riqueza en cada sector y, pensando en el futuro, decidir con políticas sin menospreciar la contribución de las regiones y del capital de riesgo, más bien escaso entre nosotros, necesario para el desarrollo de la industria