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OPINIÓN

Las habilidades que no estamos formando

15 de enero de 2026

Canal de noticias de Asuntos Legales

La reciente alerta del Instituto Nacional de Contadores Públicos (INCP), basada en el informe "New Economy Skills" del Foro Económico Mundial (FEM), ha puesto el dedo en la llaga de la competitividad colombiana. Si bien el diagnóstico es claro en cuanto existe una brecha crítica entre las habilidades disponibles y las requeridas, la interpretación habitual tiende a culpar al sistema educativo o a la "falta de curiosidad" del profesional. Sin embargo, hay una lectura más incómoda y necesaria para la alta gerencia: las empresas están exigiendo resultados de la nueva economía mientras gestionan el talento con manuales del viejo contexto.

El informe del FEM destaca que el 68 % de las habilidades digitales sufrirá una transformación radical en el corto plazo. Ante esto, muchas firmas de abogados y departamentos de contabilidad han reaccionado con una exigencia de resultados inmediata: piden a sus equipos que sean "más eficientes con IA", que "automaticen procesos" y que "analicen datos", pero sin proporcionar la hoja de ruta para lograrlo. Existe una desconexión fundamental entre la expectativa de la gerencia y la capacitación real que ofrecen. Instalar una licencia de software no es transferir una habilidad; es simplemente comprar una herramienta que nadie sabe usar con destreza.

Esta incoherencia estratégica genera un riesgo operativo tangible. Según el Global Skills Report 2025 de Coursera, la demanda de cursos de IA generativa se disparó un 195 % en la región, lo que demuestra que el apetito individual por aprender existe. El problema es que, dentro de las organizaciones, el aprendizaje se sigue viendo como un evento esporádico (un seminario anual) y no como un flujo de trabajo continuo. Si una firma espera que sus contadores pasen de la digitación a la analítica predictiva, pero no invierte en programas de alfabetización de datos ni asigna horas laborales para el reentrenamiento (reskilling), está planificando su propia obsolescencia.

La mentalidad de "comprar talento hecho" ya no es sostenible. Los estudios de MinTIC y Fedesoft proyectan un déficit de miles de profesionales tecnológicos para 2030. No hay suficientes expertos en el mercado para satisfacer la demanda de todas las empresas. Por tanto, la única salida viable para despachos y gerencias financieras es convertirse en escuelas. La responsabilidad de cerrar la brecha de habilidades ha migrado de la universidad a la empresa.

Para los líderes empresariales, el llamado a la acción es pasar de la exigencia a la habilitación. Esto implica tres cambios concretos: primero, presupuesto explícito para formación técnica, no solo en normas, sino en herramientas digitales. Segundo, protección del tiempo; no se puede aprender a auditar algoritmos o a diseñar prompts jurídicos eficientes a las 9 de la noche después de una jornada extenuante. Y tercero, crear entornos seguros de experimentación donde el error sea parte del aprendizaje y no motivo de sanción.

La verdadera transformación digital no ocurre cuando se compra tecnología, sino cuando el equipo tiene la capacidad crítica para explotarla. En 2026, la empresa que no forme a su gente no podrá culpar al mercado laboral por sus malos resultados; deberá mirarse al espejo y reconocer que pidió cosechar lo que nunca se tomó la molestia de sembrar.

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