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Viernes, 19 de mayo de 2017

Ante el comentario, mi respuesta fue: y usted como usuario ¿dónde comería? ¿en un local cuyo propietario paga impuestos, paga arriendo y demás obligaciones pero presta un servicio pésimo, que agrede al cliente (violencia del conductor al pasajero), que le sirve lo que el cocinero quiere y no lo que usted ordena (“para dónde va” es la frase típica del taxista), que al pagar le incrementa el valor que usted vio en la carta por querer tumbarlo (adulteración y ocultamiento del taxímetro), que le sirve un producto que le puede generar intoxicación (inseguridad en el vehículo), y que le cobra hasta el 300% del valor original de la carta, solo porque usted es extranjero (cobro ilegal de carreras a extranjeros)?

¿O usted preferiría comer en un puesto de comidas en el que, a pesar de que el dueño no paga los gastos que requiere el funcionamiento de un local comercial en regla, es amable y respetuoso con el cliente, respeta sus precios, maneja productos confiables y le sirve el plato tal como usted lo ordenó?.”

Estas fueron unas palabras escritas por mí el 8 de septiembre de 2015 y el panorama no ha cambiado en absoluto. El pasado 10 de mayo de 2017, la historia continúa de la mano del paro de taxistas organizado por Hugo Ospina. ¿Su argumento? El de siempre: el servicio de Uber es ilegal, porque no pagan cupo, como sí lo pagan ellos.

Ahora bien, merece toda la pena entender cuál es el concepto de “legal”, para saber de qué están hablando los taxistas. Según el diccionario jurídico de la Real Academia Española, legal es una situación conforme a la ley, es decir, que respeta la ley o el ordenamiento jurídico. Entonces, la pregunta que debemos hacernos es: ¿la mayoría de los taxistas prestan un servicio que respeta la ley?

La respuesta es sí y no. Sí, porque pagan el tan respetable cupo (cuestión que poco nos importa a los usuarios) y no, porque la forma de prestación del servicio viola la ley. ¿Cómo?, condicionando el servicio a la voluntad del taxista, adulterando el taxímetro, tratando mal al pasajero, redondeando precios, cometiendo delitos contra el pasajero y la lista sigue.   

En relación con el servicio, los taxistas olvidan que prestan un servicio público y no privado, el cual no puede depender de si el taxista tiene que entregar el carro porque finaliza su turno o de si no quiere ir al destino del pasajero. Así, condicionar su prestación, es ilegal.

Frente al precio, el pasajero se ve enfrentado a dos situaciones: el taxímetro adulterado y el “redondeo del precio”. En este punto, de entrada, tanto propietario del vehículo y empresa a la que está afiliada, como taxista están violando la ley: alteran un dispositivo para cobrar demás y, adicional, no le muestran al pasajero el valor de las unidades que marcó el taxímetro adulterado, para que puedan elevar el precio de la carrera.

Y, por si fuera poco, un número considerable de taxistas son un gran foco de comisión de delitos: secuestro y hurto (paseo millonario), lesiones personales (agresión física a pasajeros), daño en bien ajeno (quema de vehículos de Uber). 

Entonces ¿están seguros amigos taxistas, que el servicio que ustedes prestan es legal?