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OPINIÓN

La respuesta para la innovación en el agro

18 de enero de 2018

Canal de noticias de Asuntos Legales

En otras oportunidades pudimos referirnos al Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria (Snia), y planteamos que la salida para promover la innovación en el agro desde el sector privado es desde lo tributario.

¿Qué hay actualmente como incentivo tributario?

El primero, es el “Beneficio por inversiones en Ciencia, Tecnología e Innovación” que es gestionado a través de Colciencias. Este, como era de esperarse, tuvo un cambio con la Ley 1819 de 2016 (Reforma Tributaria). En términos generales, el beneficio es el siguiente: es posible deducir 100% de la inversión hecha y, adicionalmente, descontar 25% de la inversión sobre el impuesto a pagar. Antes se deducía 175% de la inversión realizada.

Existe otro beneficio, un poco tímido, para la importación de maquinaria usada agrícola con un tiempo de antigüedad mínima de un año, y máxima de siete, los cuales tendrán arancel de 0%.

También podría considerarse que las Zomac, sobre la cual ya hemos escrito en este mismo diario, la cual, pese a no tratarse de un beneficio propiamente dicho para la innovación en el agro, es un aliciente que pueden tener las empresas para que establezcan una nueva sociedad en las mencionadas Zomac.

¿Qué otras opciones pueden plantearse desde lo tributario?

Este espacio es corto para explicarlo, pero aquí se dan algunas ideas de las opciones que podrían tenerse. Sobre estas, ya hemos profundizado en otros escenarios.

Desde el IVA, pueden ofrecerse exenciones tanto para la importación como para la comercialización de nuevas tecnologías como, por ejemplo, el uso de drones; sistemas de riego inteligentes; invernaderos con medidores de humedad, temperatura, etc.; inteligencia y visión artificial para guiar agricultores; robots para la recolección; o, inclusive, el uso de controladores biológicos (insectos que atacan plagas), o polinización de cultivos a través de abejorros, por ejemplo.

Desde los aranceles, ojalá no se estuviera limitado a maquinaria usada. Si bien es un avance, es posible eliminarlos hasta para maquinaria nueva, incluyendo invernaderos. Y en renta, por ejemplo, creemos que es viable un esquema de beneficios, pero controlado, sin las barreras de acceso que actualmente hay en el que administra Colciencias.

En primer lugar, consideramos que no debe haber límites o cupos, como en el beneficio actual, sino que debe abrirse el beneficio a toda aquella persona o empresa que quiera innovar.

Esto puede ser a través de Centros de Investigación privados, que puedan registrarse, por ejemplo, ante Corpoica, entidad cuya labor en la investigación en el agro es fundamental, y que esté controlado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. Este beneficio, por ejemplo, podría mantener un sistema mixto como el actual: permitir la deducibilidad de la inversión, ojalá en un porcentaje que ronde entre 115% y 150%, y un descuento tributario entre 30% y 50%.

Si el Estado desea mantener un control más cerrado y evitar los beneficios tributarios cruzados, o, inclusive, abusos, puede, por ejemplo, consagrar el beneficio para personas jurídicas que se dediquen, exclusivamente, a la innovación en el agro, similar a lo que ocurre con las editoriales de libros, inscribiéndose cualquier entidad antes mencionada.

Hay que apostarle a la innovación. Es una obligación de todos, incluyendo al Estado, quien, a través de los impuestos, puede incentivar nuevos desarrollos e investigaciones. ¡Es el momento del agro!

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