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miércoles, 15 de agosto de 2018

Es no solo el sugestivo título de un artículo escrito por unos investigadores españoles (Lozano y Salas), cuanto la más depurada expresión de la que se está convirtiendo en una de las más complejas preocupaciones actuales: ¿cuál va a ser nuestro lugar y nuestro papel en un mundo laboral en el cual la Inteligencia Artificial General, la computación cuántica y la gestión del Big Data, entre otros avances más, nos pueden relegar cada vez más en el proceso de creación de riqueza?

En 1929 la película Metrópolis, dirigida por Fritz Lang, uno de los maestros de la historia del cine, abordó la pregunta por la suerte del ser humano ante el fenómeno de la mecanización, que hoy nuevamente se presenta ante nosotros dado el riesgo incuestionable de la sustitución masiva de mano de obra en la economía de la llamada Cuarta Revolución (la Tercera Revolución fue la de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, como para que nos vayamos poniéndonos en contexto). En 1968 el aun famoso Stanley Kubrick estrenó la no menos famosa 2001 Odisea del Espacio y se adelantó en el tiempo al poner sobre el tapete de la historia una pregunta aun más profunda e inquietante que también hoy nos ocupa y nos preocupa: ¿hasta dónde llegará la Inteligencia Artificial y cuál será nuestra relación con ella? En el film la tecnología está encarnada en la computadora Hal9000 “quien” lleva a cabo una serie de comportamientos que conducen a esta reflexión y que hoy encuentra fundamento en los impresionantes avances científicos propios de esta Revolución Industrial nivel 4.

Cada día es más abundante la literatura acerca de lo que será el mudo del trabajo y el futuro del derecho laboral en el nuevo contexto; sin embargo, es muy escasa en lo que hace a la descripción específica de los avances científicos en particular y la forma como éstos pueden llegar a reconfigurar nuestra participación en la creación de riqueza en las empresas. Quizás convenga, a fin de no caer en el mundo de la especulación, conocer más en detalle cuál es el estado del arte en cuanto a los avances tecnológicos antes de aventurarnos a formular afirmaciones relativas a ese nuevo mudo del trabajo o, lo que es más grave, a insistir en la vigencia de algunos paradigmas válidos para la sociedad de hace una década, pero quizás no para lo que viene. No somos los abogados los llamados a ser protagonistas de la descripción de esos avances tecnológicos, pero tendremos que tomar parte y partido en la discusión que ellas generan. No obstante, me atrevo, con la venia de ustedes, a hacer referencia a dos de ellos que pueden contribuir a ubicarnos en la nueva escenografía.

El primero y más sobrecogedor para mí es AlphaGoZero, creado por el equipo de DeepMind (hoy propiedad de Google). Se trata, en palabras de Javier Salas, de El País, de España, “de una máquina que se enseña a sí misma, sin ejemplos de partidas reales ni intervención humana, hasta convertirse en invencible”. Les resumo la historia: el ser humano tardó como 3.000 años en desarrollar las mejores estrategias y jugadas de Go, un muy antiguo ajedrez oriental. Luego desarrolló a AlphaGo y la programó con alrededor de 30 millones de jugadas que, obviamente, derrotó inmisericordemente al mejor jugador del mundo. Luego desarrollamos AlphaGoZero que solo con las reglas básicas del juego, y luego de tres días de evolución y cinco millones de partidas jugadas contra ella misma, es decir, de auto-aprendizaje, venció 100 a 0 no a un humano sino a AlphaGo.