Lunes, 13 de julio de 2015

El rasero decisional de Ordóñez se caracteriza por la observancia estricta a la ley, para los sectores más radicales del país político y jurídico, el solo representa intereses partidistas e ideológicos, ¿si no hubiese disciplinado a Piedad Córdoba o a Gustavo Petro los radicales pensarían igual? Muchos estamos totalmente seguros que la gestión actual del Ministerio Público arroja resultados históricos, en cuanto a investigaciones abordadas y resultados con objetividad, en cuanto a número de servidores públicos sancionados en los que no se han salvado, senadores, representantes a la Cámara, diputados, concejales, superintendentes. 

La semana pasada el mismo Ordóñez denunció, que existe una gran posibilidad que se dé la nulidad al interior del Consejo de Estado sobre su reelección, si bien es cierto el procurador Ordóñez es hoy una piedra en el zapato para la criminalidad y para ese país político radical, también es cierto el pobre favor que hacen al Estado social de derecho de quienes tanto lo citan, con demandas temerarias para amilanar la única voz objetiva de quienes no tienen voz; una de las demandas se fundamenta en la violación del artículo 126 de la Constitución Política, asunto que solo se cita pero que en ningún acápite de la demanda se prueba, ojalá la sala plena del Consejo de Estado tome una sana decisión en derecho. 

Esta corporación que administra justicia está compuesta por grandes juristas que demostraran su talante jurídico con esta decisión, la cual demostrara el equilibrio puro y necesario que necesita una democracia, y así a muchos no les guste, es justo Alejandro Ordóñez el que le da equilibrio al asunto como están hoy las cosas; en cuanto a los recientes atentados en Bogotá llama mucho la atención como se busca apalancar la inocencia de unos presuntos terroristas, invocando el debido proceso y la presunción de inocencia, cuánto nos gustaría y construiría una sociedad en la cual se invoquen los mismos principios jurídicos, cuando se pretende juzgar a personas de diferentes orillas, como no sucede tal, queda en evidencia que todo queda para el rasero sacado del sombrero.