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Sábado, 27 de febrero de 2016

En efecto, lo que existe es en realidad una relación entre conflicto y medio ambiente. Aquél está influido, marcado o permeado por la relación entre poder y territorio, y los procesos de ocupación del mismo por parte de diversos grupos de población. Este fenómeno no es únicamente un proceso de apropiación de recursos naturales sino la búsqueda para alcanzar mejores condiciones de vida. Colombia es un país de desarrollo centralizado geográficamente. Las mejores condiciones de vida se encuentran en el centro del país, lo cual genera un desplazamiento desordenado de población hacia lugares que ofrezcan condiciones de explotación agrícola o ganadera y más recientemente industrial. Pero la cultura de la ilegalidad, que tantos frutos da a algunos, también se ha desplazado hacia estos sitios con riquezas naturales, siguiendo una lógica de ocupación del territorio desordenado y violento.

Conflicto y medio ambiente son la muestra de la dificultad del Estado colombiano de gobernarse, conservarse y fortalecerse, más allá de lo militar, para poder ofrecer bienestar a la población y el ejercicio de la soberanía en el territorio. Estos fenómenos se derivan de la complejidad de la geografía colombiana, la diversidad de la población y sobre todo por el desconocimiento de su territorio, especialmente en términos políticos y sociales. 

Esta relación del territorio con el conflicto y su complejidad no ha sido abordado en forma amplia, sino reducida a acciones aisladas y una generación de opinión que tiende a confundirse con la lucha contra grupos armados ilegales. Podría decirse que es necesario que se entienda en nuestro país que la variable ambiental aporta una nueva forma de analizar el ejercicio del poder sobre un territorio y una población determinada. Esto exige una mayor racionalidad a largo plazo, una previsibilidad y un cálculo político capaz de dar respuestas a las demandas derivadas de la complejidad de dicha relación. 

Ese proceso violento de ocupación del territorio ha generado unas relaciones sociales igualmente violentas. El Estado históricamente no ha logrado un control de todo el territorio para generar procesos de ocupación que permitan un desarrollo equilibrado entre el aprovechamiento del territorio, es decir de sus recursos, y la conservación del medio ambiente. 

Así las cosas, es necesario revisar los planteamientos sobre medio ambiente y pos conflicto,por cuanto el tema no se reduce a plantear la conversión de los desmovilizados en guardabosques, ni tampoco en pensar que la sustitución de cultivos va a convertir en campesinos legales a los antiguos miembros de los grupos armados. La desmovilización traerá consigo la posibilidad de liberación de amplios espacios del territorio para establecer proyectos de desarrollo que antes era impensable realizar. Es decir que por esas paradojas de la historia de Colombia, el pos conflicto planteará retos para conservar áreas que antes se encontraban, se podría decir, protegidas por la existencia de un conflicto armado, pero al mismo tiempo excluidas del acceso del desarrollo a estas zonas. 

Una visión meramente lúdica de la naturaleza que impida los procesos de interrelaciónentre estos contribuye a la generación de conflictos, o una visión de un puro desarrollo desconociendo la necesidad de usar y conservar los recursos naturales, podría traer mayor escasez de recursos. En efecto, la confluencia de diversos factores, elementos y actores hace problemática la Gubernamentalidad tanto más cuanto si el Estado no comprende la dimensión política que requieren los recursos naturales, y se limita a utilizar únicamente instrumentos jurídicos y militares para su control.

El pos conflicto plantea más interrogantes que respuestas: ¿Cuál será el contenido y la estrategia para lograr un equilibrio entre el desarrollo, el bienestar y la conservación en una época de pos conflicto? ¿Basta un fortalecimiento del Estado Social de Derecho? ¿O será necesario desmontarlo para dejar que sea el mercado el que gobierna? ¿O será necesario repensar la seguridad en términos de seguridad ambiental? En fin, es el reto que se plantea en estos momentos al Estado en Colombia y la dimensión política del medio ambiente en el pos conflicto. Y esto exige una apertura en todos los frentes del pensamiento, antes que enel conformismo y la aceptación de verdades o dogmas que se pretendan imponer.