Martes, 30 de septiembre de 2014

Entre las buenas prácticas encontradas por este trabajo investigativo sobre inversión social y responsabilidad corporativa, el lector puede atender y sorprenderse con las labores que hace la industria extractiva para generar confianza, resolver conflictos al interior de las comunidades y hacer crecer personalmente a los individuos en áreas de influencia. En la mayoría de casos, la responsabilidad social se fundamenta en la honestidad, transparencia y respeto,  para luego entrar a producir acciones que generen trabajo, educación y protección ambiental.

La inversión para el desarrollo -y esto es un llamado para la industria del sector minero energético- debe partir del entendimiento de las necesidades de las comunidades, no de las ayudas que son efectistas y que no aportan socialmente al progreso de las familias. Cito para explicar mejor mi punto de vista la definición que el Instituto Ethos de Empresa y Responsabilidad Social de Brasil hace sobre la responsabilidad social “(…) es la forma de gestión definida por la relación ética y transparente de la empresa con todos los públicos con los cuales se relaciona (…) preservando recursos ambientales y culturales para futuras generaciones, respetando la diversidad y promoviendo la reducción de las desigualdades sociales”.

La clave del éxito para que la responsabilidad social en este sector se transforme en desarrollo verdadero está en articular las inversiones con proyectos a largo plazo, haciendo convenios con aliados locales, con transparencia, información y partiendo de las necesidades reales básicas que las comunidades deben satisfacer.

La responsabilidad social no debe ser vista como mera filantropía, paternalismo o caridad; tampoco como la solución para evitar conflictos. Las acciones de responsabilidad social deben ser prácticas, en una perspectiva de derechos, que impliquen la voluntariedad de las empresas y la articulación de los esfuerzos del gobierno nacional con los locales para emprender un cambio social.

En el sector hidrocarburífero no debemos conformarnos con el gran aporte que hacemos al país en temas de inversión extranjera directa, aporte al PIB, empleo y recursos para educación, trabajo e infraestructura a través de las regalías y el aporte a los ingresos corrientes de la Nación. Debemos seguir avanzando en el crecimiento de programas de responsabilidad social que aporten directamente al desarrollo de las comunidades y que, como finaliza el libro investigativo, originen programas eficaces, sostenibles y de calidad para la inversión social.