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Martes, 15 de enero de 2019

Cada vez es más la conciencia del mundo sobre el impacto del cambio climático y permanentemente en redes sociales, en medios de comunicación, en documentos de la academia, instituciones y gobierno se puede conocer mediciones, impactos, desarrollos tecnológicos, decisiones de los diferentes gobiernos, críticas y movimientos mundiales que protestan y opinan sobre el deber ser en bien del ambiente.

En el mundo de las empresas de alto nivel ya se tiene entre sus objetivos ambientales proyectos e inversiones que revierten positivamente los costos de operación o producto final, y para eso se destinan recursos y equipos formales e informales para el desarrollo de iniciativas para menor consumo y/o generación de energía, para el uso racional de agua, para reciclaje, todo lo anterior de acuerdo a sus capacidades y muchas son iniciativas de alto ingenio y buen impacto.

Ciertamente poco a poco se está generando una cultura muy aguda en la crítica y en la expectativa del deber hacer por parte de las potencias económicas, de las empresas, particularmente minero energéticas, y del gobierno, pero poca frente al aporte personal que podemos hacer cada uno de nosotros en nuestro diario vivir y poco también desde lo proactivo en nuestras empresas. Por ejemplo la recolección y el uso de aguas lluvias y aires acondicionados, el uso de bicicleta, uso de transporte públicos o rutas colectivas, paneles solares, jornadas ambientales en zonas públicas, no uso de vasos y platos plásticos, etc.

En una simple observación es totalmente inconcebible ver en lugares de alta aglomeración la cantidad de desechos botados en las calles, lugares asociados al transporte público (aeropuertos, terminales, paraderos, vías) y lugares de recreación (playas, estadios, teatros). Así mismo aún vemos “barrer” con agua, mantener las llaves del agua abierta mientras nos lavamos los dientes, nos enjabonamos, no separamos los desechos orgánicos de los reciclables, no apagamos luces, aires acondicionados, carros en las congestiones vehiculares, ni guardamos las basuras por insignificante que parezca para luego depositarla en los lugares apropiados.

Tampoco creemos que recoger basura en lugares públicos nos corresponde y mucho menos sembrar o cuidar árboles en lugares públicos que mejorar la calidad de vida o tener en los objetivos personales o familiares sembrar árboles, vincular ese con iniciativas ambientales y culturales donde podemos aprender sobre las riquezas que tenemos y debemos cuidar. Al día de hoy, en la zona urbana, vivir cerca de un parque o zona verde no es una bendición si no por el contrario un riesgo, pues es ahí donde se botan los desechos, se escucha la música a altos decibeles y se mal utilizan los jardines.

En el mundo empresarial se debe incorporar los asuntos ambientales más allá del cumplimiento de la ley, y tener una aproximación a las eco eficiencia a través de economías circulares, donde desde las fases de planeación se deben incorporar criterios ambientales y sociales para la elección del abastecimiento con la elección de materiales y servicios, en la manufactura, en la forma de distribución, y la recuperación y reciclaje de materiales. Todo lo anterior con sentido común pues si usamos malas mediciones, impulsaremos las las medidas y prioridades equivocadas.

Para terminar siempre tener en cuenta que lo ambientas va de la mano de lo social y no se puede pensar en algo ambiental en contra del gran colectivo de las personas y por eso cuando se habla de algunas industrias se debe pensar en el beneficio en la calidad de vida y a cambio de desgastarnos en los debates del “que” debemos es pensar y cuestionar el “cómo”, más cuando vivimos en un país donde sus ingresos, sus recursos de inversión, su presencia institucional en lugares apartados, su desarrollo empresarial, su empleo, ha venido por siglos y viene de la industria minera (legal), energética y eléctrica.

Si cada uno de los colombianos en vez de la crítica sembramos un árbol, ayudamos a cuidar un bien público, apreciamos el agua y leemos un libro construimos un mejor clima social, ambiental y económico.