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OPINIÓN

Mantener humana la innovación como estrategia de inversión

05 de septiembre de 2026

Valeria Jaramillo Cruz

Directora de Innovación, Protección y Transferencia (IP&T) y Country Manager para Perú de OlarteMoure y Asociados.
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Todo el andamiaje jurídico de la propiedad intelectual se ha construido históricamente sobre el concepto de autoría o inventoría, novedad u originalidad, una fecha y un resultado sobre el que reclaman derechos las personas. Hay un principio de mérito en la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) recompensado en un beneficio de exclusividad.

Pero el proceso creativo y de investigación hoy ha cambiado. La inteligencia artificial ahora hace parte integral de los procesos de I+D, y las organizaciones como empresas y universidades están haciendo gestión del cambio en esa dirección. Hoy la inteligencia artificial nos ha convertido en creadores itinerantes. Podemos construir un producto mínimo viable (MVP) en tiempos antes inimaginables, crear y desechar, volverlo a intentar. Comprobar hipótesis y hacer búsquedas en el estado del arte rápidamente. El equipo de diez ahora puede ser uno. Hordas de productos digitales en el mercado se vuelven una sobreoferta abrumadora, y la competencia más feroz que nunca.

Pero mientras más rápido creamos, más difuso queda quién hizo qué. El aporte humano no desaparece, pero sí deja de ser evidente como lo era antes. La Dirección Nacional de Derecho de Autor (Dnda) ha sido consistente en que solo hay obra cuando hay expresión humana, y la Superintendencia de Industria y Comercio, en que solo hay invención cuando hay un inventor humano. En ambos casos lo protegible es el aporte humano identificable, es decir, demostrable.

Por ejemplo, en la Resolución 185 de 2023 la Dnda rechazó una serie de obras hechas con Midjourney (programa de inteligencia artificial generativa de imágenes) porque, en sus palabras, no hubo una intervención concreta en el proceso creativo del material generado.

Lo anterior, además de parecer un problema filosófico, crea un impacto directo en las empresas. Según el estudio de Ocean Tomo, al cierre de 2025 los intangibles representaban el 92% del valor de mercado de las empresas del S&P 500 y los tangibles apenas el 8%. La NIC 38 exige, para reconocer un intangible, que la entidad tenga control sobre el recurso. Sin titularidad acreditable no hay derecho, sin derecho no hay control, y sin control no hay activo empresarial.

Las organizaciones deberán hacer un esfuerzo importante en documentar durante el proceso de investigación los aportes humanos con diferentes tipos de pruebas, bitácoras o procesos que le sirvan para probar, ergo tener una titularidad y un derecho más fuerte.

Esta preocupación está alineada con perspectivas globales analizadas por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OmPI) y es documentar el rol de los humanos en el proceso de creación, conservar los prompts relevantes y etiquetar lo generado por IA (como ya lo hace Anthropic como parte de su adaptación a la Ley de IA Europea).

Tener bien documentado es la diferencia entre la evidencia que se produce mientras el hecho ocurre y la que se reconstruye cuando ya hay un conflicto o un posible litigio. Esto es una de las muchas prácticas que llamamos IP Management, porque la tarea inicia muchísimo antes de la protección y continúa muchos años después también.

De ahí que humanizar nuestras prácticas de investigación y desarrollo sea hoy más urgente que nunca, casi que por instinto de conservación humana. En un entorno donde la máquina produce a una velocidad que ninguna persona puede igualar, el ser humano tiene que poder probar dónde estuvo su participación; y la empresa observarlo para cuidar su inversión.

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